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Analistas 17/02/2024

Más allá de izquierda y derecha

Gustavo Moreno Montalvo
Consultor independiente

Se presume que la derecha defiende la libertad económica y política, los valores percibidos como tradicionales, o ambos, y la izquierda defiende la propiedad estatal de los medios de producción y distribución de bienes y servicios, los subsidios a estamentos vulnerables, o ambos. En realidad, son posibles innumerables combinaciones de propiedad privada y estatal, e infinidad de opciones para construir mallas de protección social.

El Estado tiene tareas naturales: preservar la seguridad, hacer reglas, administrar justicia, proveer servicios de salud y educación, promover la infraestructura necesaria para la sociedad y dirigir la economía mediante políticas inteligentes, invertir en construir conocimiento y estética, proteger el medio ambiente y establecer relaciones con homólogos para atender las necesidades de sus ciudadanos. Más allá, puede tener inversiones productivas. En todas sus tareas hay riesgos, que se pueden mitigar con acierto en gobierno corporativo y mecanismos de control adecuados.

El Estado surgió en el neolítico, para preservar la vida y los inventarios agrícolas y pecuarios; la urbanización, aunque modesta, conllevó diferenciación de funciones: los guerreros y los encargados de la relación de la comunidad con las fuerzas superiores, fuente de bienestar o maldición, adquirieron papel importante. Con la evolución de la tecnología y las sociedades se formaron estructuras políticas complejas en ciudades estado y en imperios. El papel del Estado como protagonista de guerras casi permanentes obligó a ordenar sus funciones, escribir normas, y fijar límites a quienes detentaban poder y responsabilidades. Algunos imperios eran multiétnicos, como el romano, que absorbió diversas nacionalidades, y de cuyo colapso surgió Occidente, con múltiples núcleos de poder. En la edad media hubo numerosas alianzas entre lo público y lo privado; es ejemplo el esquema utilizado en Venecia para las expediciones comerciales que la convirtieron en la comunidad más próspera del planeta entre el siglo 12 y el 15: el Estado era propietario de las naves y los comerciantes de los bienes.

La conquista por Occidente del resto del mundo entre los siglos 16 y 20 tuvo componentes económicos e ideológicos. La propuesta liberal se consolidó en el ámbito de la filosofía política desde el siglo 18 y maduró en la práctica hasta desembocar la supresión de la esclavitud en el siglo 19 y el colapso del imperialismo y el voto universal como regla ética en el siglo 20. Desde el siglo 18 la revolución industrial modificó las formas de producción, la organización de la sociedad y las premisas políticas. La explicación de K. Marx sobre la historia como teatro de la lucha de clases con victoria inexorable del trabajo sobre el capital fue dogma fundacional del sistema político ruso desde 1917 hasta finales del siglo 20.

Hoy se proponen, de una parte, individualismos radicales, y de la otra, subsidios insostenibles, para acceder al poder desde la democracia y amenazarla. La humanidad está aturdida ante la dimensión de los retos que enfrenta, y los propósitos se nublan porque el mundo no es producto acabado, pero las posibilidades que ofrecen el conocimiento y las comunicaciones son enormes. Es preciso empuñar las banderas del respeto y la solidaridad, y revisar con sentido crítico el ordenamiento de lo público y lo privado para sobrevivir y prosperar.

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