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La inversión extranjera

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Es obvio: el potencial de países como Colombia solo se puede materializar si hay ahorro extranjero para financiar la inversión necesaria, al menos mientras el ahorro nacional sea muy inferior a las oportunidades. Los rendimientos en nuestra tierra pueden ser enormes, en la medida en que se materialicen aumentos de productividad también muy grandes en nuestros procesos de producción de bienes y servicios. Eso, sin embargo, no justifica que la confianza de los inversionistas sea uno de los propósitos centrales de las estrategias de desarrollo. Más bien, es importante determinar qué inversión extranjera conviene y cuál es menos conveniente. En ese sentido, desde hace muchos años Chile mitiga fluctuaciones de la tasa de cambio con control a la inversión extranjera: se trata de evitar la presencia de capitales especulativos sin compromiso de largo plazo. Tampoco conviene el capital que invierte en el aprovechamiento de recursos no renovables sin contribuir a la construcción de comunidad sostenible más allá de la vida útil del depósito correspondiente; en este caso, es importante para el logro del propósito el liderazgo efectivo de quien suele ser la fuente central de riqueza en un ámbito determinado, pues al fin y al cabo el capital minero introduce distorsiones en la vida social y económica local: generan inflación y traen forasteros, algunos de los cuales son marginales, e incluso perturbadores, por vocación.

La inversión ideal, la que agrega valor de largo plazo, es más bien la que construye conocimiento y desemboca en mayores eficiencias en los procesos de las cadenas de valor criollas. En algunos casos puede ser inversión industrial para apoyar la producción y distribución de bienes y servicios, pero el mundo de hoy está orientado a fábricas automatizadas, y son los servicios, incluidas la investigación y el desarrollo, la educación, la salud y las tareas de carácter individual, como las relacionadas con la atención a visitantes, los ámbitos donde se genera empleo.

En materia de infraestructura, debe haber capital internacional si hay beneficio económico derivado de menores tiempos o menores costos como consecuencia de la aplicación de tecnologías mejores. Hay ámbitos en los cuales los mercados nacionales no son de tamaño suficiente para justificar la inversión en un negocio autónomo, con capital nacional; en esos casos la competencia está solo entre jugadores internacionales.

Lo cierto es que la mejor manera de atraer capital internacional para los frentes donde conviene su presencia es tener estrategias serias para la inversión pública, con eficiencia en el gasto. Para un sistema económico pequeño, como el colombiano, esto es necesario para tener margen de intervención en los mercados monetarios, y así tener una tasa de cambio menos volátil, que permita a todos los inversionistas, nacionales y extranjeros, apostarles a escenarios macroeconómicos de razonable estabilidad. Mientras la economía esté muy atada al precio del petróleo, esto solo se puede lograr con austeridad y, por ende, con mucha eficiencia para prestar los servicios necesarios sin desbordar los cauces de lo permisible. Si el peso es duro, el aparato productivo y los servicios personales no serán competitivos y el país no florecerá, así la tasa de cambio sea conveniente para el servicio de la deuda pública y para poder asignar recursos a la mermelada.

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