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Analistas 27/06/2026

La industria azucarera

Gustavo Moreno Montalvo
Consultor independiente

La industria azucarera del valle medio del río Cauca aporta hasta 7% del producto interno bruto de la región. Hay 15 ingenios alimentados por 240.000 hectáreas cultivadas en caña de azúcar en predios de 2.000 propietarios, casi todas en la banda oriental del río. Casi todos los ingenios son modernos y eficientes para extraer sacarosa de la caña y venderla como cristales de azúcar. Hacen cogeneración eficiente y entregan a la red eléctrica alrededor de 400 MW. Además, media docena de ellos tiene instalaciones para producir etanol como sustituto limpio de hasta 15% de la gasolina en Colombia. El bagazo de la caña también se usa para la producción de papel de imprenta y escritura.

La industria azucarera podría desaparecer por la conjunción de bajos precios en el mercado internacional, un peso fuerte por razones externas y la caída del contenido de sacarosa en la caña, de 12% a 10%. La situación es compleja: la población mundial se ha estancado, excepto en África al sur del Sahara, en tanto que el propósito de una vida sana ha permeado las clases medias del mundo. La producción agrícola en Europa, EE.UU. e India, segundo productor de azúcar después de Brasil, es subsidiada o protegida, lo cual induce distorsiones de precios en los mercados internacionales: se transan volúmenes en exceso de las producciones domésticas con precios volátiles que suelen ser inferiores a lo que serían sin subsidios ni protecciones. La participación de los cultivadores en el ingreso, del orden de 60 kilogramos por tonelada de caña molida, es muy alta en el contexto mundial. El eslabón industrial podría ser inviable y la cadena entera colapsar con precios modestos permanentes para los excedentes en los mercados internacionales.

Hay retos claros: la productividad (toneladas por hectárea) de los cultivadores involucrados es más alta que en tierras propias de los ingenios y que en tierras de terceros administradas por estos. El mercado nacional tiene la protección natural de la distancia y las reglas arancelarias del Pacto Andino, pero se debe abordar el asunto del costo de la caña para los ingenios mediante fórmulas creativas y propiciar integraciones para capturar sinergias.

La reducción del área cultivada, con menor participación de la producción con destino internacional, requeriría alternativas: los cultivos en el Valle serían más diversos con una política agropecuaria acertada que contrarrestara los efectos sobre los precios de las distorsiones del mercado y la volatilidad del peso. Está claro que la agricultura hacia adelante requerirá predios de mayor área en todo el mundo, con creciente automatización, ojalá con integración vertical hacia adelante, excepto en cultivos de alto valor agregado, como la uva para vino en latitudes apropiadas.

Para completar el escenario adverso para la industria, el Pacto Histórico, poco inclinado a impulsar la propiedad privada, ganó las elecciones presidenciales en todos los municipios azucareros de la banda oriental del Cauca. No son precisamente comunidades pobres en el contexto de Colombia, pero no están satisfechas con su devenir. Quizás las empresas deberían participar más en la política local para asegurar el buen uso de los recursos.
Es preciso transformar los problemas de la industria en una oportunidad para asegurar el bienestar de la región. Ello implica hacer la tarea, e incumbe tanto a la región como al Gobierno nacional.

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