Analistas

Principios del columnista

Paul Johnson el historiador, pensador y periodista inglés afirmaba que, un columnista “en raras ocasiones puede usar su columna para promover una causa personal, y no debe explotar el poder de columnista para causas personales”.

 
En este mismo diario, en el que me honro de publicar mis pensamientos cafeteros, escribe habitualmente Pedro Echavarría sobre temas cafeteros, pero sin advertir de su vinculación al café como uno de los mayores productores de Colombia y al mismo tiempo propietario con su familia, de una importante compañía exportadora de café. Como bien lo afirmó en alguna oportunidad el mismo Pedro, “¡no soy un riquito sino un rico de verdad!”. Nada más legítimo que defender un interés personal, pero el lector debe conocerlo.
 
En la década de los 80, ya como productor de café, consideraba que era un negocio de muy buena rentabilidad, que explotado en un modelo empresarial, generaba una rentabilidad que envidiaba la industria. En los 90 se convirtió en contradictor permanente de las instituciones cafeteras sin eco en Antioquia, pero persistente, hasta cuando finalmente llegó al comité nacional como suplente de Juan Camilo Restrepo en el gobierno de Álvaro Uribe.
 
Johnson define también que el primer requisito del columnista es el conocimiento. Por esto es inconcebible que Echavarría confirme en la mayoría de sus artículos que la contribución es un ahorro para el futuro, cuando desde el año 2001 el Fondo Nacional del Café abandonó su función como fondo de estabilización, y desde el 1° de enero del 2003 cuando se restableció, se usa para proveer los bienes públicos, que los cafeteros más valoran como: la garantía de compra, asistencia técnica y acompañamiento a la familia campesina, la investigación científica, el control de calidad del café excelso en puertos, entre otros. Sin duda el rechazo a pagar la contribución tiene que ver con el egoísmo natural de aportar más que los pequeños por percibir menos. Pero este es parte del acuerdo social que durante 85 años ha permitido la convivencia entre grandes y pequeños, en el que con gran generosidad los grandes productores siempre han aportado con un enorme sentido de solidaridad.
 
Afirmar que los ingresos del pequeño solo alcanzan $1.800.000 anuales es absolutamente incorrecto, y de ser cierto, ya la caficultura se habría acabado y no crecería en número de productores y área todos los años. Pretender que no se financie la renovación, por considerar que endeudar a los cafeteros es condenarlos, cuando son los clientes más cumplidos de la banca y tienen derecho a cultivar un producto de exportación, que cuenta con garantía de compra. Producen en café cereza fácilmente 10 toneladas por hectárea por un valor de $10.000.000, no superado en tierras cafeteras por ningún alimento, como pretende Pedro que sea el destino de los pequeños productores. 
 
El país cambió, y para bien de los habitantes del campo progresó. La gente estudió para no tener que recolectar café a terceros, los pequeños lo hacen con gusto en su predio y logran que sus hijos se eduquen para  desempeñar otros oficios, que  es una mejora en su condición de vida obtenida gracias al café. El caficultor enfrenta difíciles momentos al igual que  las familias  trabajadoras de las zonas cafeteras, pero soy consciente de que la encrucijada es menor debido a su nivel de educación.
 
Con orgullo soy de los cafeteros que tanto aportamos al desarrollo del país, pero no puedo  permitir que después de trabajar toda mi vida por los cafeteros, sea señalado por Pedro, en su  columna de la Semana Santa, como Judas al indicar que están en grave peligro los grandes productores, por el riesgo de estar en un negocio basado en la informalidad laboral y tributaria, en tierras muy costosas por estar muy bien ubicadas, con escasez de mano de obra, por lo tanto impagable para esta actividad, llevándola a dificultades de rentabilidad difíciles de superar. Así mismo el costo personal al tratar de romper paradigmas pero  con la conciencia tranquila, al invitarlos a que adopten decisiones económicas racionales y reorienten su negocio para que sea sostenible en el mediano y largo plazo.
 
Estoy seguro que el apóstol Pedro nunca concibió una doctrina basada en mentiras, verdades a medias, e ilusiones no alcanzables por los católicos.