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Paz y café

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Luis Eduardo Nieto Arteta afirmaba que el café es de vertientes, y que después de la era del añil, la quina y el tabaco, solo el café le dio estabilidad al campo, por ser el único producto que se puede cultivar en forma lucrativa y que, el predominio de la producción de café obedece a una fatalidad geográfica. 

Señalaba que el trabajo y la ocupación fueron los títulos para la propiedad en las regiones cafeteras; que el café vigoriza la estabilidad política y económica, y la sociedad se convierte en una democracia de pequeños productores.

Esta mención sirve para pensar que después del hecho histórico anunciado por el presidente Santos en Cuba, cuando estrechó la mano de las FARC para decirle al país que la paz sí es posible; es fundamental recordar que el café es un instrumento de paz.

Los caficultores trabajan la tierra y se convierten en pequeños propietarios, entrando a formar parte de la economía de mercado con el intercambio comercial que les permite la venta de un producto de exportación, para obtener los ingresos con que adquirir bienes y servicios de la economía moderna. Así muchos no estén de acuerdo, ese es un pequeño empresario capitalista,  además internacionalizado.

No hay un mejor momento para estudiar con urgencia la propagación del cultivo del café en la cordillera Oriental. Es una zona que ha vivido y padecido el conflicto, y en medio de las balas se ha expandido el cultivo del café por Casanare, Meta, Caquetá y Putumayo, departamentos que ya figuran en las estadísticas oficiales de la Federación.

Propongo sembrar 60 mil hectáreas con 12 mil campesinos – cinco hectáreas por familia – se pueden producir 1.000.000 de sacos que valen mas de $600.000 millones de pesos, es decir, $50 millones de ingreso anual por familia.

Para este proyecto existe la institucionalidad, la asistencia técnica, la semilla adaptada, la experiencia para ejecutar el programa de pequeños propietarios – tarea efectuada por décadas en la Federación de Cafeteros – además, el suelo ha demostrado las condiciones adecuadas, y lo más importante, el campesino cafetero cuenta con la garantía de compra. 

En Támara, Casanare, hay ejemplos de cafeteros que han ganado premios mundiales de calidad.

Esto no es nada distinto a lo que en 10 años hicieron los campesinos del Huila, convirtiendo ese departamento en el primer productor, con mas de 2.000.000 de sacos y 90.000 campesinos, una caficultura de pequeños productores, que gracias a su calidad, hoy es un ejemplo de pujanza y bienestar, que sin el café no hubieran encontrado muchas más alternativas.

El aumento en la producción que hoy registramos es gracias a las siembras de los pequeños; por lo tanto este es un proyecto que se puede realizar inmediatamente, en esas regiones, que han sido escondite natural del guerrilla. En la altillanura no podrían desarrollar una agricultura intensiva en maquinaria, y productos que requieren de tecnologías desconocidas por ellos – y menos aún – el mercadeo de esos productos.

Además, la producción de café en pequeñas propiedades ha demostrado ser el “tejido social” del campo colombiano, que en estos 50 años de conflicto fue impenetrable por la guerrilla. Al estar habitada por pequeños propietarios , nunca  abandonaron y defendieron su trabajo y la fuente de sustento económico.

¿Por qué no decirlo? Las comunidades cafeteras fueron respetadas por la guerrilla, hasta el punto que los hombres y mujeres con las camisetas amarillas de la Federación, nunca eran atacados por la subversión.
 

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