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La bolsa, fundamental para el café

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Guillermo Trujillo Estrada

Con verdadero asombro recibió el país la propuesta de Roberto Vélez Vallejo, gerente de la Federación Nacional de Cafeteros, sobre la posibilidad de retirar el café de Colombia de la bolsa. Ella es el indicador del mercado, refleja la realidad formando el precio según lo que estime va a ser la oferta y demanda del grano.

Una decisión como de esta naturaleza equivale a romper el termómetro si registra 39 grados y no es audaz, como afirma Álvaro Uribe, sino mas bien fruto del desespero. Ahora lo que debe primar es la sensatez. Tal vez puede ser una estrategia de distracción -al estilo Uribe-, para entretener a la dirigencia cafetera que se resiste a aceptar las leyes del mercado y se ilusiona por un rato. Muchas veces he afirmado que solo les falta a los líderes cafeteros pedir derogar la ley de la gravedad, por su resistencia a aceptar la ley del mercado, que es prácticamente natural.

Es con referencia a la bolsa que se fija el precio interno. Esta también permite a los exportadores, incluido el Fondo Nacional del Café, cubrir con contratos el riesgo de precio mientras se exporta el café adquirido. Por lo tanto, abandonarla puede implicar la parálisis del mercado para el campesino, que goza del privilegio de vender el producto más líquido del sector agropecuario. Los exportadores privados que atienden 80 % del mercado, podrían salir del negocio.

Se nos olvida cuando esos fondos que hoy son tan odiados, suben el precio del café muchas veces en forma irreal, por ejemplo cuando presienten una helada que aumenta el precio y todos venden a futuro, y que desciende al no presentarse el evento.

Si la Federación tiene recursos debe comprar café más caro y venderlo con un diferencial más alto, que reconozca vía precio la calidad del grano colombiano, y también vender mucho mas café especial que lleve el origen al consumidor final, pero en todo caso será referido al precio de la bolsa.

Cuando Brasil arremetió contra el Contrato C -Arábigos suaves- para sacarlo de la bolsa por representar muy poco volumen con relación al requerido, Gabriel Silva tuvo que desplegar toda la diplomacia cafetera en Nueva York y Brasil, para evitar que solo se transara café, como pretendían. Desafortunadamente el gerente Vélez, desde su campaña para el cargo se envolvió en la bandera de recuperar la rentabilidad, música celestial para los grandes cafeteros, dueños del poder político para nombrar y derrocar. Hoy es esclavo de ese postulado, que en realidad nunca podrá ser realidad.

La nueva realidad demuestra que el capitalismo en la caficultura ha desaparecido, entendido como el capital representado en la tierra, que, unido al trabajo, genera un margen de explotación que constituye la rentabilidad. En esta situación se encuentra 1% de los productores, que estoy seguro pierden dinero, y los mejores escasamente salen en equilibrio.

Mientras tanto, los pequeños productores siguen creciendo en producción y número de agricultores, trabajan su finca y tienen un mayor o menor ingreso de acuerdo a las circunstancias; no dependen de utilidades, ya que obtienen una oportunidad de trabajo, bienestar y forma de vida, que se va amoldado al precio del mercado. Estos son los cafeteros que doblaron la producción nacional, con los precios bajos predominantes de la ultima década. Definitivamente el café en Colombia sirve para combatir la pobreza, pero no para generar riqueza.

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