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Garantía de compra

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La garantía de compra es, sin duda alguna, el bien público más apreciado por los cafeteros. Hoy en día consiste, básicamente, en que al productor se le adquiere su café en el municipio más cercano a su explotación agrícola, en los puestos de compra de las cooperativas de caficultores, con presencia en cerca de 500 municipios, evitando así que se reduzca el ingreso del caficultor al tener que pagar transporte a un sitio lejano de su cabecera municipal.

Hasta el año 2000 esa garantía involucraba un precio fijo del café, que generaba mucha tranquilidad al productor. Sin embargo, en estos 15 años el cafetero se ha acostumbrado a la fluctuación permanente del precio y a la volatilidad, muchas veces exagerada, que no le permite la estabilidad tan anhelada.

La garantía de compra es entonces un activo con el que no cuenta prácticamente ningún otro producto agrícola; la gran diferencia para los caficultores radica en la obligación institucional de comprar el café que él produce, cerca de su finca y con pago inmediato. 

Adicionalmente, la red de compradores particulares – que se suman a la actividad comercial de las cooperativas de caficultores – es de cerca de 2.500, lo que garantiza que, al momento de anunciar el precio de compra por parte de la cooperativa del municipio, los compradores particulares aumentan en $500 o $1.000 por carga, para quedarse con el café, en una puja que beneficia al productor.

En los debates de los últimos tiempos se ha propuesto eliminar el mecanismo, mi análisis va a proponer que si bien es imprescindible, sí admite modificaciones.

Las cooperativas adquieren el café con dineros que les suministra sin costo el Fondo Nacional del Café – FoNC, que para muchos compradores es desleal por cuanto ellos también benefician al caficultor; sin embargo, el negocio así también es bueno, por cuanto adquieren cerca de 75% de la cosecha que no compra el gremio.

Lo que sí es inadmisible es que sea el administrador del Fondo Nacional del Café, quien determine libremente el precio piso de compra determinando el margen, por cuanto el precio techo lo determina la bolsa, y ese control está fuera de su alcance. Esta facultad implica que, por cada peso adicional de margen, el mercado total sustrae el productor entre cuatro y cinco pesos. Por lo tanto, el margen máximo a obtener por el FoNC lo debe fijar el Comité Nacional de Cafeteros y a partir de allí, todos los agentes del mercado deben competir por el café, maximizando el ingreso del productor.

Otra modificación a proponer es que las cooperativas se unifiquen por departamento y participen más activamente en el negocio de exportación, compitiendo entre sí, o a través de la exportadora de las cooperativas. De esta manera el Fondo se convierte en un comprador de última instancia.

Las cooperativas – al no dedicarse exclusivamente a comprar el café para el Fondo – pueden exportarlo, entregarlo a su exportadora, así como venderlo a exportadores particulares y, entregarlo al Fondo Nacional del Café, en última instancia.

Así, solo cuando requieran dinero, lo recibirían del Fondo Nacional del Café dejando el grano en garantía, y si en un plazo determinado no pueden cancelar la deuda, entregan el café.

De esta manera se maximiza la utilización de la red de las cooperativas,  buscando más alternativas que mejoren el ingreso de productor, y se convierte el Fondo Nacional del Café en un comprador de última instancia, logrando un  mercado mucho más eficiente. 
 

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