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El fraude cafetero

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El fraude cafetero que denunció hace pocos días el Gerente de la Federación y que tanta difusión tuvo en los medios, en mi concepto no requiere cambio del sistema de transferencia del subsidio, ni restricción de los comerciantes, sino por el contrario, de un llamado a los pocos cafeteros sin escrúpulos, para que no cometan fraude con el subsidio que con tanto esfuerzo les ha transferido el gobierno de Juan Manuel Santos y que la sociedad colombiana a regañadientes ha aceptado.

Con dolor y con sinceridad debemos aceptar que el dolo lo ejecuta el cafetero con la complicidad de un comerciante, que elabora una factura de compra que no corresponde a una entrega física de café, para el cafetero tramitar el subsidio contra su cupo y recibir el dinero. Muchos alegan, para justificar, que al estar dentro del cupo que asigna el sistema  estaban recibiendo por adelantando el subsidio, por temor a que se terminará el recurso. Cuánto le participan al comerciante, no lo sabremos.

Lo triste es que en un gremio que siempre se ha distinguido por estar conformado por campesinos honrados y trabajadores, en los que ha distinguido la caballerosidad y el valor de la palabra como algo inquebrantable, termine incurriendo en este tipo de fraudes que la Federación ha señalado como de los comerciantes, para no inculpar a los de casa. Se debe aplicar el más estricto código de ética a los agremiados, como parte de una acción de compromiso colectivo de un gremio unido por el propósito de responderle al país por el esfuerzo fiscal que realiza con los recursos de todos los colombiano.

No se debe descartar que se publique la información de cargas subsidiadas a cada productor, dada la naturaleza pública de los recursos, y utilizar la delación anónima como mecanismo de autocontrol y depuración colectiva para salvar el sistema. De lo contrario, solo un subsidio por hectárea cultivada será la forma eficiente de adjudicarlo y entregarlo, como se ha hecho en otras ocasiones, sin riesgo de desviación y fraude.

Los grandes productores, representados por Dignidad Cafetera, y los dirigentes cafeteros que hoy claman por cambiar el sistema y liberar los cupos, tienen la responsabilidad de dar ejemplo de honestidad frente a los miles de pequeños productores.

Diferente es la sanción a los comerciantes que se propone, de casi imposible comprobación, por cuanto no es obligación de su parte demostrar qué han hecho con ese café, máxime cuando no son receptores del subsidio.

Lo que sí es clave es conservar los 3.500 compradores de café  presentes en los 500 municipios, siete compradores privados por uno oficial, y que le generan liquidez al mercado y una puja por el grano que se refleja en mayor precio y mayor ingreso al productor.

Se debe terminar el embeleco de Dignidad Cafetera de pago inmediato, que trata de impedir la consulta del cupo en el Sica (Sistema de Información Cafetera) y propicia violar los topes para obtener mayor subsidio. Sólo ese propósito explica la aparente incomodidad de recibir un regalo cinco días después de vendido el café.

La Federación Nacional de Cafeteros, según los registros ha tramitado 3.450.000 facturas a más de 346.000 productores por $750.000 millones, algo que sólo esta organización tiene la capacidad de hacer en 577 municipios. Tarjeta inteligente para transacciones solo tienen los cafeteros, y un sistema de control predio por predio, que permita calcular la cosecha individualmente también. Antes que proponer otro sistema debemos llenarnos de orgullo porque  este extraordinario sistema de información, permitió la entrega de 20.000 facturas, de las cuales 0,5% han sido rechazadas. 

Migrar a un sistema como el AGC, incorporando el subsidio al precio interno, o entregando los recursos al exportador sin absoluta transabilidad, es dar la oportunidad a los contrabandistas y en algunos casos a los importadores legales, de hacer grandes utilidades con café importado, y capturar dado que equivale a cerca de 30% del precio actual.

La eficiencia de los mecanismos de control desarrollados e implementados por el gremio impide el ilícito porque lo detecta antes del desembolsos. Finalmente este es un sistema que detecta problemas para defenderlo no para cambiarlo. Sólo así la opinión nacional cambiara la percepción sobre la incapacidad del gremio para administrar los subsidios y aceptar que el dinero es bien intencionado por la Federación.

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