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Desafíos cafeteros

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Nunca antes la Federación Nacional de Cafeteros había tenido tantos desafíos, fundamentales y urgentes de superar, para no perder su razón de ser.

El primero es resolver la división interna, difícil de solucionar mientras existan interesados en mantenerla para conservar poder dentro de la organización.

En segundo lugar nombrar el gerente. Encontrar quién convoque y les ofrezca garantías a todos los comités de cafeteros, lo cual es bien difícil cuando no importa si el candidato es bueno, sino quién lo postuló. Otra opción, en un acto de desprendimiento en búsqueda de “la paz gremial”, sería solicitar al Gobierno – que tiene el mismo número de votos en el Comité Nacional al seleccionar la terna -, que postule el candidato que garantice la unidad y la logre, con el apoyo de todos.

El tercer desafío, recibir del Gobierno las conclusiones del estudio de la Misión del Café y decidir conjuntamente todo lo que se debe reformar, con la convicción de que hay que cambiar y se está perdiendo tiempo valioso.

El cuarto reto es la negociación del contrato de administración del Fondo Nacional del Café, para lo que es indispensable resolver los tres puntos anteriores, considerando que la Federación – sin la administración del Fondo Nacional del Café – pierde toda su relevancia, tanto frente a los cafeteros como en la vida nacional.

En quinto lugar, se debe definir cuál es el nivel de gastos del Fondo. En el estado actual la contribución cafetera es insuficiente y, por lo tanto, solo se resuelve aumentando los ingresos, o disminuyendo los gastos, que sí es posible.

El sexto desafío es definir la garantía de compra. En 2014 demostré cómo el aumento del margen de utilidad del Fondo permitió que el mercado incrementara el margen bruto a 21%, y el neto a 9,59%, que es sumamente alto y oneroso para los productores. Esa autonomía de la Federación como formador de precios llevaría a pensar en una regla que no esquilme el bolsillo de los productores.

Un séptimo punto lo constituye la reforma de estatutos. Es urgente actualizarlos y modernizarlos. Hace doce años Gabriel Silva promovió una reforma que exigía modernización gradual, hoy ya se requiere a fondo. Las instituciones estallan cuando no interpretan los cambios y diseñan cómo integrar las nuevas realidades.

El octavo de los puntos urgentes, pero no el menos importante, es la definición de qué hacer con la caficultura empresarial. Hoy está absolutamente amenazada por la modernización de la mano de obra, su formalización y el aumento del empleo, que llevan a la escasez estructural de un recurso que, además, solo se requiere estacionalmente. Se deben diseñar programas de reconversión de cultivos o de modelos de explotación. En los últimos 25 años han salido más de 200.000 hectáreas productivas y el área neta ha crecido.

Lo que el sector no puede continuar es abogando – desde todos los estamentos – por la caficultura que ya no es viable, amparada en subsidios, tratando de solucionar con protestas y amenazas un problema de unos pocos cafeteros. Apoyar un paro por falta de mano de obra, es un chiste.

Fernando Savater hacía una evocación histórica ejemplar: “Durante toda la tarde de su trágica colisión, al Titanic llegaron desde otros barcos numerosos avisos de que había peligrosos bloques de hielo flotantes en las aguas que navegaba. Pero el operador de radio del buque las ignoró y no se las comunicó al capitán, porque estaba demasiado ocupado recibiendo y enviando mensajes de los pasajeros de primera clase”.
 

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