Analistas

Cafeteros ¿víctimas?

El presidente Juan Manuel Santos en reciente discurso anunció, que va a tomar mucho tiempo la reparación por cuanto en el Registro Único de Víctimas aparecen ocho millones de personas y solo se ha podido reparar individualmente a 690.000 por lo que se debe atender los casos urgentes.

Inmediatamente recordé el convenio firmado entre la Federación de Cafeteros y la Unidad Para la Reparación Integral de las Víctimas, para compensar a 112.000 familias cafeteras afectadas por la guerra, por lo que concluyo que ni son ocho millones de víctimas, ni ese el número de cafeteros afectados. Desde luego, las víctimas reales comprobadas de los cafeteros tendrán que ser reparadas como lo manda la ley.

Se deben revisar uno a uno los listados de cafeteros registrados como víctimas, para verificar si realmente son afectados, y ayudar al Gobierno para que los escasos recursos lleguen a las verdaderas víctimas.

Mis dudas radican a que -en los últimos 20 años- el tema del desplazamiento y la violencia no coparon la agenda cafetera ni a nivel de los comités municipales (con excepciones contadas), ni en los comités departamental, nacional o congreso cafetero, para que ahora aparezca que la cuarta parte de los cafeteros de Colombia son víctimas. Precisamente siempre los HOMBRES DE CAMISETAS AMARILLAS, el verdadero ejercito de paz, como los denominaba Gabriel Silva, son respetados por la guerrilla y los paramilitares, precisamente porque están ayudando a los campesinos. No olvidemos que el cinturón cafetero, piso térmico entre 1.200 y 1.800 metros, era como una zona de distensión, por cuanto en la zona cálida había presencia de los paramilitares y en la parte alta, hacia los páramos, generalmente estaba las Farc.

Además, fue precisamente el periodo en el cual los campesinos de Huila, Cauca, Nariño y el sur del Tolima, prácticamente doblaron el área de producción y el número de productores y se convirtieron en el nuevo eje cafetero nacional, con más de 50% de los caficultores y cerca de la mitad de la producción nacional.

El gran reto para los investigadores sobre la guerra y la paz, será analizar cómo en los departamentos en los que se sucedió lo más cruento del conflicto armado, simultáneamente se desarrolló una moderna caficultura, con excelente calidad, nuevos cultivos, pequeños productores, creciendo permanentemente y construyendo un remanso de paz en el que se puede trabajar.

Estoy convencido que este caso de estudio, es el ejemplo de cómo los caficultores, -pequeños propietarios, que laboran la tierra-, pueden encontrar en el café su alternativa de vida y fuente de bienestar para la familia, constituyendo un país de pequeños propietarios; con la ayuda de la Federación de Cafeteros, lograron este éxito en medio del conflicto, al disponer de asistencia técnica, crédito, garantía de compra y apoyo institucional, logrando sobrevivir y progresar hasta convertirse en el nuevo modelo sostenible de la caficultura.

Esta realidad, ejemplo nacional, creo que debería servir para replicar en el posconflicto, como la gran solución y no aventurarnos en otros productos y modelos no experimentados.

Estoy seguro que la Federación de Cafeteros y su Sistema de Información Cafetera – SICA, que contiene más de 40 datos de cada cafetero y sus familias, podrá demostrar cuántas son las verdaderas víctimas -que sufrieron la guerra y merecen una reparación-, y que valerosamente permanecieron trabajando su pequeño cafetal.