Analistas

Café: mano de obra y reforma tributaria

El año 2016 fue definitivamente extraordinario para el café. La mayor producción en 23 años, más de $7 billones de ingreso cafetero, toda la producción vendida, paz en las zonas cafeteras y excelentes perspectivas.

Sin embargo, tuvo mucha difusión la queja por falta de mano de obra para la recolección por parte de los dirigentes cafeteros de la región central, pero no de los nuevos departamentos, plagados de campesinos, que hoy producen la mayor parte de la cosecha.

Se quejan del asistencialismo, de los subsidios, de los jornaleros que se desplazan a cultivar coca y de los que luego van a erradicarla, como las razones para la escasez de trabajadores. He repetido que la verdadera causa es la falta de formalización laboral, la baja remuneración, la estacionalidad del trabajo y la pobreza, que los llevan a migrar.

La verdadera contribución a la paz que pueden hacer los grandes cafeteros, si pretenden contar con mano de obra, es ayudar a la lucha contra la pobreza en el campo, afiliando a la seguridad social a sus jornaleros.

Promover un régimen laboral especial en condiciones inferiores, como condición para formalizar el sector rural, solo produce más migración a las ciudades, y el agravamiento del problema. 

Por esta razón siempre he sostenido que cuando se quejan por falta de mano de obra, es una dificultad para los grandes productores, pero una excelente noticia para el país, porque significa que mucha gente ha salido de la pobreza y ha encontrado mejores opciones de trabajo.

Por fortuna 99 % de los productores son campesinos que aportan su propia mano de obra y no constituyen el problema. Por eso se puede decir que el café es el mayor generador de trabajo, pero no de empleo. Vincularlos a la seguridad social como trabajadores independientes, es el verdadero reto.

No contentos, ese restante 1% de los productores, formaron parte de las 500 proposiciones que se presentaron en la reforma tributaria, en una vergonzosa feria de micos en la que los parlamentarios -para darle gusto o hacerle un mandado a cada amigo del sector privado- desfiguraron buena parte de la reforma, tratando de generar beneficios particulares. El país debería conocer, una por una, quien presentó cada proposición y a quién beneficia.

En este caso el artículo 46 de la ley, 66-1 del estatuto tributario, presentado por un representante y un senador de Caldas, para congraciarse en época electoral con los grandes productores, propuso que se presume de derecho como costos y deducciones 40 % de los ingresos de café como gasto laboral, sin acreditar el aporte parafiscal que obliga el artículo 108 del ET. 

Realmente este es un palo en la rueda a la política de formalización laboral. El Gobierno se vio presionado con una proposición aprobada por los parlamentarios de todos los partidos,  demostrando para quien trabajan sin importarles los pobres de Colombia. Esta medida puede beneficiar a unos 3.000 productores, de los 500.000 que se dice tiene Colombia.

Por fortuna en el Senado le agregaron “un miquito”, que dice que no exime del cumplimiento de todas las normas laborales. Ya veremos qué va a hacer el Gobierno al expedir el decreto que lo reglamenta, para encontrar la cuadratura del círculo.

Ya varios sectores del agro anuncian demandar, porque la norma viola el derecho a la igualdad frente a los demás agricultores, que consideran un privilegio que no puede ser exclusivo de un solo producto del campo.