Analistas

Balance cafetero

El 2013 fue por décadas el año más traumático de la vida cafetera, analizado desde el punto de vista institucional, por cuanto por primera vez se perdió la unidad en la vocería y mando gremial. Ni en las épocas de los nacimiento de Aprocafé, Unidad Cafetera y Salvación Agropecuaria habían logrado un espacio en la opinión nacional.

Por primera vez un Ministro de Agricultura, salido del seno de la Institución, arremetió de manera tan fuerte contra quien lo había derrotado en su aspiración a la Gerencia General de la Federación, debilitando la institución y abriendo el espacio para que los contradictores gremiales atacaran sin descanso. 

Nunca visto, el Polo Democrático y el hoy Centro Democrático, antagonistas naturales, unidos en Dignidad Cafetera con los grandes productores, aprovechando la coyuntura en la que se suponía todos ganaban: los unos electores y los otros dinero. Los congresistas de la Unidad Nacional, ayudando, unos con su pasividad y otros activamente, pero todos con intereses electorales.

El Presidente Santos nunca podrá olvidar el paro cafetero que le causó un dolor profundo por ser precisamente el del gremio de sus afectos, al que más había ayudado hasta ese momento en su Gobierno, y que se convirtió en el causante de perturbaciones en la vida nacional que marcaron el punto de inflexión del descenso en su popularidad, que con justicia ahora recupera recogiendo los frutos de una buena gestión que se refleja en las cifras de empleo, inflación, crecimiento, menor número de pobres, vivienda e inversión extranjera.

Este resquebrajamiento también se reflejó internamente en la unanimidad característica del gremio. Tres departamentos, que tradicionalmente dominaron el poder de la Federación, se han apartado de las mayorías en repetidas oportunidades el último año.

Paradójicamente a pesar de las protestas, el valor del ingreso cafetero fue el segundo mayor de los 10 últimos años, gracias al subsidio del gobierno de un billón de pesos y al aumento de la producción del 40%.

Por lo tanto, los cafeteros de Colombia seguramente saldrán en un acto de gratitud hacia el gobierno de Juan Manuel Santos a votar su reelección para garantizar, por otros cuatro años que nunca serán desamparados.

No olvidemos que aparte de $1 billón de subsidio al ingreso, algo nunca registrado en la historia, aportó recursos para ejecutar el programa de renovación de cafetales; desde el año 2010 a la fecha, el más grande en árboles y extensión de la vida cafetera. Así mismo la extensión rural, la investigación científica, la vivienda rural cafetera y los programas de vías terciarias que ejecuta la Federación, recibieron dineros cuantiosos.

En 2014 la producción no volverá a crecer 40%, si tenemos en cuenta que en 2013 ingresaron a la cuenta de la producción los inventarios que se guardaron de 2012 esperando el aumento del subsidio y el café importado en ese mismo año. Cerca de un millón de sacos, que en gran proporción no fue a los tostadores nacionales y entró al torrente cafetero buscando el subsidio y ser exportado como café colombiano, como lo denunció en su momento el exministro Juan Camilo Restrepo.

Seguramente va a ser un buen año en ingreso cafetero, ayudado por la tasa de cambio, la productividad, el crecimiento de café especial, y el auxilio de $1 billón para ayudar al ingreso cafetero. Fundamental encontrar rápidamente un esquema de distribución del subsidio que frene la inmoralidad y la inequidad y se concentre en área, edad de los árboles y todo lo que incentive y premie la productividad.

Será un año duro cuando los grandes beneficiarios del subsidio de enfrenten a la Dian y se percaten que se “mordieron la cola” con su ambición de maximizar su ingreso por medio del subsidio.

Electoralmente va a ser difícil, en la contienda parlamentarias, muchos candidatos enarbolarán la bandera cafetera y los consolidados líderes atacarán por igual, para no perder esos votos. En ese escenario perderá más el Gremio que el Gobierno, porque habrá muchos más temas de discusión en el discurso.

En la campaña presidencial el elector cafetero seguramente reconocerá con su voto la gran ayuda del actual gobierno, y los parlamentarios ya elegidos que acompañen al candidato, sin el fragor de la campaña y con más sensatez respaldaran la política cafetera.

Finalmente, las elecciones cafeteras estarán “como para alquilar balcón” si el otro poder, que no sabemos cuántos son, se anima a participar de manera democrática y aspire a formar parte de los órganos de dirección del Gremio. Esta sería la consolidación democrática de la Federación, representando en su seno todas las corrientes del pensamiento cafetero.