Analistas

MIRA quién habla

En Colombia, un estado social de derecho que ha consagrado en su Constitución Política la libertad para que toda persona pueda ejercer la libertad de culto o creencia religiosa, su ejercicio -como todos los derechos- debe estar en el marco del respeto a los derechos de los demás conciudadanos. Hace algunos días empezó a circular por internet un video en el que la fundadora de la Iglesia de Dios Ministerial de Jesucristo Internacional y del Instituto Bíblico Ministerios y Dones, María Luisa Piraquive, realiza manifestaciones en las que afirma que una persona que tenga algún tipo de discapacidad no podría pararse en el púlpito a predicar, declaraciones que son claramente violatorias de la igualdad que predican la Constitución, la Ley y por supuesto la siempre nombrada “moral cristiana”.

Desde mi punto de vista el problema definitivamente no es Jesús o Dios: el inconveniente son las franquicias que se enriquecen con la fe de sus feligreses y que con su negocio están haciendo daño al buen nombre de Dios, del cual dicen seguir sus enseñanzas. Por supuesto que merece todo el rechazo, pero he tratado de seguir las reacciones, tanto de los miembros de la congregación y del Movimiento Independiente de Renovación Absoluta (MIRA) como de quienes no lo son, y realmente estas son la lectura de nuestro país: hay de todo y para todos.

He visto declaraciones de todo calibre, como la que equipara el descarte que hacen en las Fuerzas Militares a una persona que por sus condiciones físicas no es apta para hacer parte del pie de fuerza que combate en un conflicto armado; este tipo de exclusiones no son discriminatorias, todo lo contrario, con esto el Estado está ejerciendo el deber de no generar cargas o daños que una persona no tenga la obligación de soportar. En otras palabras, está protegiendo a aquellas personas que por su limitación pueden estar en cierto grado de vulnerabilidad a la hora de enfrentar una confrontación armada.

De parte de los “MIRABELIEVERS”, se tienen solo evasivas: que ellos tienen unas reglas y que por lo tanto las acatan y las aceptan, que son grabaciones descontextualizadas, que la señora Piraquive es hija de Dios y que, desde luego, qué dirán de una “iglesia” que tiene dentro de sus pastores personas con algún tipo de discapacidad o limitación física. Por lo visto, el asunto no es de convicción, dedicación y vocación de servicio o de fe, sino de casting.  

También han dicho los “MIRABELIEVERS” que es una persecución política a un movimiento que está en riesgo de desaparecer desde hace algún tiempo por no poder superar el umbral. De nuevo excusas, ojalá sus electores sean igual de selectivos a la hora del voto; no es admisible bajo ninguna circunstancia  (mucho menos religiosa o política) que se patrocine y permita una trinchera para cubrir un acto discriminatorio. 

También están los de “al caído caerle”, quienes dicen que la señora Piraquive le quitó el niño a uno, que compró a un exmiembro de su congregación en Miami para que no revelara los millonarios ingresos de la pastora, pero que después del soborno lo desacreditó diciendo que tenía el diablo adentro. Para todos aquellos incautos que todavía creen en Piraquive, mal paga el diablo a quien bien le sirve. 

Un movimiento que tiene dentro de sus miembros al promotor de la “ley antidiscriminación” demuestra o que hay incoherencias internas o que ante el silencio se puede inferir que pudo más el negocio que la convicción. Callar no es otra cosa que una forma de aceptar y refrendar lo dicho por otro. Así como lo dijo alguien en Twitter: MIRA quién habla. 

Uno de los grandes problemas de este tipo de congregaciones -sin condenar a aquellas que sirven adecuadamente a sus miembros- es el grado de ignorancia de muchos de quienes forman parte de las mismas: el grueso de los ingresos de estas “instituciones” provienen del diezmo de personas que son capaces de dejar de comer, ellos y su familia, para que su pastor reciba lo que corresponde. Para que esto no suceda, la educación es la respuesta.