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Analistas 08/02/2024

La previsión no pegó

Guillermo Cáez Gómez
Abogado y consultor en riesgos
GUILLERMO CAEZ

Claramente es una obviedad afirmar que los cambios en el clima a países como Colombia lo afectan en mayor medida que a otros que no gozan de la biodiversidad que nosotros no hemos sabido aprovechar. Ese privilegio y afectación climática por la posición geográfica hace parte del ADN como país y en esa medida no es nuevo que llevamos cientos de años pasando de estar inundados a las sequías año tras año, sin que se haya diseñado una política pública de atención de este tipo de desastres que, por no desarrollar la infraestructura preventiva y de acción de emergencias.

La prevención y la previsión no son principios que rijan en general la planeación de Colombia. Eso lo demuestra la cantidad de veces que declaraciones de emergencias han sido tumbadas por la corte constitucional por no ser excepcional el tipo de desastre sobre el que se basa. El más reciente fue el de La Guajira pues no podemos negar que los fenómenos de El Niño y La Niña son imprevisibles en Colombia.

En esa medida tanto los incendios sucedidos en Bogotá y muchas otras regiones del país y lo que seguramente pasará cuando llegue la época de lluvia estaremos viendo muchos colombianos que no han gozado de presencia del estado para atender las necesidades al menos en esta materia. Uno puede ver países como Estados Unidos, Japón, México, entre otros que anualmente sufren las consecuencias de terremotos, huracanes, etc, que han diseñado planes de acción de atención de desastres naturales basados en la prevención y el deber de cuidado de a sus ciudadanos.

Y si bien la falta de planeación no es exclusiva de este gobierno, la responsabilidad histórica empieza con generar un cambio en este tipo de políticas para lograr romper el círculo vicioso. Esperemos que este gobierno no deje pasar la oportunidad de hacer cambios estructurales al sistema de riesgos del país y su gestión. Para eso se necesita una decisión absoluta y líderes que tengan las competencias para diseñar una política pública a largo plazo pues hasta hoy todos quienes han pasado por esos cargos, no han dejado algún legado que haya cambiado la realidad del país.

Indiscutiblemente se requiere volcar los esfuerzos al desarrollo de infraestructura que permita que el país pueda tener cubiertos muchos de los servicios ciudadanos necesarios para hacer mucho más llevadero los fenómenos naturales que son incontrolables. Esto es básicamente aplicar la filosofía estoica en la que solo se hace cargo de lo que corresponde a cada uno, en este caso, la responsabilidad del estado es salvaguardar la salud y calidad de vida de los ciudadanos, el resto depende de la naturaleza y desde luego imposible de controlar.

Si este gobierno quiere dejar un legado importante, este sería un buen foco para lo que queda de tiempo de gobierno. No podemos seguir dejando pasar las oportunidades y sobre todo las crisis que permiten tomar decisiones que en situaciones de normalidad son muy difíciles de tomar. Para eso hay que quitarle el color político y pensar más en el bienestar ciudadano sin importar si se es seguidor u opositor. Así que el llamado a los ciudadanos es a exigir que sean atendidas estas necesidades del país, generar confianza a los inversionistas para que se pueda desarrollar la infraestructura necesaria para que muchos de los desastres que hoy se salen de control dejen de hacerlo.

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