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Echeverry: se me chispoteó

Hace unos días en el marco de un debate en el Congreso de la República -por cuenta de la aprobación de una licencia ambiental expedida por la Anla que permitía la exploración y posterior extracción de petróleo en La Macarena (Meta), lo cual, según expertos, resultaba peligroso para la estabilidad ambiental del conocido Caño Cristales-, el presidente de Ecopetrol, otrora ministro de Hacienda, Juan Carlos Echeverry, en forma desafiante, ligera y cargada de soberbia, increpó al profesor Óscar Vanegas sobre su criterio profesional acerca de los efectos que puede generar la extracción de crudo en esa zona del país. 

La idea de que el director de la Anla y su equipo asesor siquiera hayan pensado en otorgar la licencia es demente, y es mucho peor la decisión, que al mejor estilo de un capataz de finca, se tomó al echar atrás la misma; no porque no debiera hacerse, sino porque, como dicen las mamás: esa no es la forma. Hoy, además de la polémica, y el cobre que peló el doctor Echeverry, se acaba de configurar una demanda multimillonaria en contra del estado colombiano, que terminaremos pagando todos los ciudadanos que no tuvimos nada que ver y que ni siquiera somos solidarios ante la ligereza de uno de los funcionarios del presidente Santos. Otro muerto para cargar por cuenta de la incompetencia porque, señor Fernando Iregui: su renuncia no es más que la confirmación de lo equivocada que estaba su postura en esta entidad y  de su incapacidad para ser agente preventivo en la expedición de las licencias ambientales. Por lo mismo, en caso de condena al estado colombiano, desde ya exijo que se repita en contra de su patrimonio. 

Pero además de ser angustiante la ligereza de los funcionarios que ejercen este tipo de funciones, lo es también, en este país donde los doctores no lo son, que quienes sí lo sean, como el presidente de Ecopetrol, no hayan oído mencionar el principio de precaución, tanto en lo ambiental como en lo personal. Lo digo porque, en lo personal, si Echeverry conociera el mínimo de ese concepto se hubiera ahorrado la humillación al profesor Vanegas y haber generado la plataforma que este aprovechó para tener su cuarto de hora mediático. Hay que ser correctos: sí, Echeverry se equivocó, pero el show de Vanegas, posterior a los hechos, no se queda atrás en impertinencia. 

Sin embargo, lo que nos interesa es el  principio de precaución en materia ambiental. Sobre este principio, la Ley 99 de 1993 en el artículo 1, numeral 6, prevé lo siguiente: “la formulación de las políticas ambientales tendrá en cuenta el resultado del proceso de investigación científica. No obstante, las autoridades ambientales y los particulares darán aplicación al principio de precaución conforme al cual, cuando exista peligro de daño grave e irreversible, la falta de certeza científica absoluta no deberá utilizarse como razón para postergar la adopción de medidas eficaces para impedir la degradación del medio ambiente.” La ley es clara y el presidente de Ecopetrol debe cumplirla y no apostar los recursos de este país como si fueran violín prestado: retar al señor Vanegas a que perdiera su tarjeta profesional, en caso de verse afectadas las fuentes hídricas de la Serranía de La Macarena por la explotación petrolera, no solo es un acto de falta de decoro profesional, sino de absoluta irresponsabilidad y desobediencia de la ley, que merece ser investigado en profundidad por tratarse de afectaciones de bienes superiores, como el medioambiente.