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Analistas 28/06/2023

Súper versus inflación

Germán Eduardo Vargas
Catedrático/Columnista
La República Más

El capitalismo niveló por lo bajo los estándares de calidad, y su codicia manipuló la inflación con la excusa de las pérdidas causadas por la pandemia -greedinflation-. Su norma social legitima el abuso contra los clientes y los ciudadanos, maquillando los precios, descarando la usura y desestimando los PQR.

El triángulo dramático es un ciclo vicioso que atenta contra el democrático, pues fusiona a la obsecuencia con la psicología inversa, y delega la culpa para confundir al victimario con el salvador o la víctima. Por eso permanecemos aprisionados por un Estado Fallido, donde no se garantiza el acceso a servicios básicos, y las soluciones se dilatan o sabotean en los solemnes estrados burocráticos, donde se acostumbraron a usar actitudes arrogantes, despectivas o desafiantes (pasivo-agresivas).

En la selva de concreto, la guerra del centavo sigue haciendo negocio con la desgracia ajena (Sellers’ Inflation, Profits and Conflict, 2023). Las únicas especies que aun sobreviven son la sevicia -sinónimo de competencia-, la indefensión aprendida y la suspensión de la incredulidad. Por efecto de esa desensibilización, lo absurdo ya no sorprende, y la inanición, el hurto, la evasión, la elusión y la corrupción, pasan de agache ante las onerosas nóminas de las “ia”: procuraduría, contraloría, fiscalía, policía y «D-ia-n».

Como sea, el epíteto de esa disonancia es el rimbombante apelativo de cualquier “Súper”, porque la de Salud no combate a las negligentes EPS-IPS, y la Financiera incentiva el gota a gota, multiplicando la opresiva tasa de la madre de los bancos (banrep.gov.co).

A ese bus del atropello se montó el mercado, pues las transacciones son prohibitivas y la vigilancia de Industria y Comercio se esconde [sic]. Falta introducir controles de precios y salarios, pues los márgenes de ganancias de las empresas, sus directivos o sus accionistas, son desproporcionados; además, la intermediación ha demostrado ser ineficiente, aunque se trate de una app o de mercadoscampesinos.gov.co.

Acuerdos de precios, repartición de mercados y especulación -forzando la afiliación a programas de fidelización, ocultando tarifas basura o anidando cargos por servicio (junk fees)-, afianzan que el comercio es esencialmente injusto y abusivo. Ahora los bancos y los “Super” mercados fingen responsabilidad social, bajando de manera timorata algunas etiquetas, pues jamás retornarán las quiebras que causaron al enriquecerse.

Esto no solo se explica por la ignorancia o la pereza de los consumidores, pues quienes conocemos los presuntos mecanismos de defensa sabemos que las empresas no atienden los PQR, y las “Súper” se dedican a “copiar y pegar”, cometiendo sistemáticamente errores de forma, que impiden resolver de fondo.

Es desgastante, y, tal como ya renunciamos a denunciar hurtos, evitamos registrar quejas y reclamos. En los aeropuertos, verbigracia, aunque usted sepa que las aerolíneas disponen de ofrecimientos anejos para el cliente -porque mejorar no es la consigna, sino comprar el silencio de algunos casos aislados, para que los demás no se alboroten-, hay que arrodillarse tras hacer una fila interminable.

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