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Principios o Principitos

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Germán Eduardo Vargas

Como otros inmigrantes al Valle de la Silicona, Larry Ellison está obsesionado por combatir la senescencia celular (Anti-Aging Therapeutics, 2015), mientras elimina la principal fuente de errores de su Imperio: el ingeniero. Olvida que, acabado el juego del ajedrez, el Rey acaba mezclado, sin valor, con las demás fichas (Quijote, II/XII).

Abdicó a su primera conquista, Solaris, para dar vida a la Nube 2.0; un ente consciente e inteligente, que se configura, gestiona y mejora. Aparentemente indestructible, esa plataforma, Oracle Autonomous Linux (World’s First Autonomous Operating System, 16/9/2019), es capaz de leer nuestra mente y «unificar» a sus rivales.

Coincidencia, sus iniciales (LE) componen el apellido de quien escribió aquel título de ciencia ficción, Solaris (Lem), y se repiten en Larry Ewing, diseñador del pingüino Tux, que representa con fidelidad los principios de esta Realeza moderna, retratada por el renacentista Maquiavelo.

Según él, casi todo vale -o se perdona- para obtener y conservar poder; la última «Re-d-pública» que invadieron fue Internet, cuyas «creaciones F» (p.ej. Facebook) no son copias de personas reales, sino proyecciones: ese tipo de imágenes residuales que dan forma a semejantes líderes.

Les recomienda neutralizar el odio y alimentar el miedo, para prevenir rebeliones (Zuckerberg’s leaked internal Facebook meetings, 1/10/2019). También huir de los aduladores, y aislar aquellos amigos que les ayudaron durante sus hazañas, porque satisfacerlos implicaría renunciar a sus ambiciones. A contraluz, es evidente el vacío: no creen en utopías y no les interesan sus afectos, pues eso implica desperdiciar esfuerzo, y tanta generosidad puede arruinarlos.

Su metáfora del Rey de la Selva y el Zorro (El Príncipe, Cap. XVIII), para combinar la cautela, astucia y voracidad, siempre me recuerda el episodio del Principito con el Zorro (Cap. XXI, Saint-Exupéry), que se escondía tras un Manzano para descubrir que gravitamos en torno a quienes «dedicamos» nuestra vida.

“Es nuestra responsabilidad, y solo hay que pedir a cada uno, lo que puede dar”; aunque esto lo dijo el Monarca que conoció viajando por el universo, durante aquella travesía en la que interactuó con un Vanidoso, un Empresario que se apropiaba las estrellas, y un «farolero» con quien hubiera disfrutado 1.440 puestas de sol.

Retomando, en clave de programación e innovación, el Zorro dijo que “el lenguaje es fuente de malentendidos”. El Principito reflexionó que “se miente un poco”, “cuando uno pretende parecer ingenioso”, y que los adultos “adoran las cifras”, aunque recomendó que “no pierdan tiempo en esa penitencia. Es inútil”.

A propósito, mi interpretación de la palabra clave en la versión original -«apprivoisé», invita a salir a la luz; al final, la tentadora Serpiente acotó la soledad de esa clase de Príncipe, que acaso comparte con el 1% de la población que integra esa temida especie, con la que compite por el poder absoluto.

Mientras formateamos la tecnología, saturada o infectada, y alcanzamos la Supremacía Cuántica, dedique a aquellas personas con quienes se sienta «domesticado», el cuidado de una rosa y el rito de encender una luz.

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