Las señales actuales invitan a ver más allá, y distinguir «Lo Más Vital» (Baloo, Libro de la Selva); visibilizar la primera creación del universo, y agradecer a esas preclaras figuras que alumbran e informan nuestra existencia: las madres y los maestros.

El Amor en los Tiempos del Cólera hizo arte a partir de las diferencias de clases, la dilación y el distanciamiento. Serendipity evoco esa vigente imagen porque la cuarentena instaló un escenario común, donde nuestras pantallas proyectan visiones que relativizan, columbran o reflejan ese realismo.
Cada persona percibe de manera distorsionada, debido a los filtros biológicos que compartimos y los sesgos de la propia experiencia; entonces no necesitamos ilusiones artificiales, como la «Realidad Virtual y Aumentada», para engañar a nuestros sentidos (o semejantes).

No obstante, el universo tecnológico se expande hacia la «Realidad Paralela», que personaliza simultáneamente lo que vemos en pantallas compartidas.
Sacando a la luz esa «Ciencia Mal Aplicada», Paul Dietz advirtió que su inspiración fue “usar a las personas como píxeles” (Misapplied Sciences. Fast Company, 7/1/2020); dejo a su consideración la derivación de su nombre, y cualquier relación con ‘Pixeles’, película nominada a los Golden Raspberry para lo peor de la «Gran Pantalla».

A diferencia de las tradicionales, donde cada LED es fiel a un único efecto óptico, en cualquier dirección, estas podrían ser útiles para esas personalidades «pantalleras», que difunden mensajes diferenciados, como los políticos o «influencers», cuya imagen contrasta la corrupción de sus contenidos.

Las pantallas invadieron nuestras vidas, y su contaminación lumínica alteró la regulación de funciones vitales, como el crecimiento (prematuro), el sueño (insomnio), la orientación de las especies nocturnas y la supervivencia de las bioluminiscentes (IUCN Firefly, Report 2018). También eclipsó nuestra nictalopía y las estrellas.

Asumiendo que la cuarentena contribuyó a reducir esa polución, que tiene desvaído al empíreo, recuerde la referencia de Hamlet al Firmamento y la Humanidad (Act. II, Esc. 2), observe aquella vieja «autoscopia» en la que parecemos un pixel (Voyager 1’s Pale Blue Dot), y reflexione sobre la historia que nos une, admirando la pantalla más grande del planeta: la celestial.

Descubra las paradojas tras tantos meteoros ópticos o remolinos luminosos, ahora que sabemos que sus propiedades trascienden de la reflexión, y la distorsión (refractiva), hacia la dualidad y capacidad de torcerse sin necesidad de influencia externa. Además, “La luz es como el agua”, según realizó Gabo, pues la «luz líquida» fue clasificada como 5º estado de la materia.

Tenga presente que aquello que percibimos como brillantes espectáculos cósmicos, corresponde a colisiones, explosiones o extinciones, recorriendo el oscuro caos del vacío; “imágenes invisibles”, según Sócrates (‘Si busca la vida buena, ¡compre uno de nuestros estilos filosóficos!’, Luciano).

Dejando en pausa los collage de videoconferencia, avivemos nuestra luz, valoremos el silencio y redescubramos nuestra voz, compartiendo en la pantalla chica clásicos como 8 1/2 (Fellini), Singin’ in the Rain (Kelly), Persona (Bergman), City Lights o Limelight (Chaplin).