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Analistas 02/04/2021

Historia de dos normalidades

Germán Eduardo Vargas
Catedrático/Columnista

El Gran Confinamiento fue declarado durante un mes de la Mujer; 9 meses después, conmemorando los Santos Inocentes, Claudia López dispuso el 2º pico de contagios (y sus vacaciones de Reyes). El testigo lo recibe Semana Santa, y su emergente ‘Tercera Ola’ conserva matices del experimento de Jones (1967) y la globalización de Toffler (1979), que comparten igual denominación.

Como Time declaró a 2020 el Peor Año de la Historia (reciente), y el ansioso 2021 aguardaba la milagrosa vacunación, encuentro conveniente contrastar las Antigua y Nueva Normalidad, evocando ‘Historia de Dos Ciudades’ (Dickens, 1859): “Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación […] aquella época era tan parecida a la actual”.

Retroprogresiva, la última frase es reveladora. Los «Hero-d-es» y Pilatos del establecimiento sacrificaron el año 2 de la pandemia, condenándonos a resucitar la historia de viacrucis y sagradas reformas «gatopardistas» (1958), pues narraron el mismo ‘Cuento de Navidad’ (1843) con el que pretendían hacernos olvidar los fantasmas del presente, maquillando los del pasado y ocultando los del futuro, mientras reeditaban sus falsas Promesas de Año Nuevo.

Entretanto, nuestros deseos mutaban del Casa, Carro y Beca, hacia «Calle, Vuelo y Entretenimiento»; así, algunos fingen que es una época normal, y otros no distinguen el caos o colapso de su rutina. Como sea, carecemos de comunión, y esa brecha, tal como la económica, crece tanto como la deuda y desigualdad, conforme los problemas sociales siguen aparcados por las tradiciones de indiferencia, egoísmo o polarización.

Bastantes perdieron la fe porque no podían ir a una iglesia, y semejante condicionamiento contagió al estudio y el trabajo, donde muchos siguen demostrando incompetencia; otros se desempeñan con usual negligencia, y pocos invirtieron el tiempo que ahorraban en desplazamientos o trancones.

Prismáticos, el confinamiento, las mascarillas y la virtualidad, descompusieron aquella vida que ahora estiman iluminada, aunque antes se quejaran: por eso reviven la tóxica normalidad que proyectaba falta de propósito, conciencia y excelencia; estratagemas para relacionarse; y malgasto de dinero y energía, pues entienden el autocuidado como la depuración de la imagen que exteriorizan: su espectro visible.

Los años de este milenio inician en 2, y transitamos hacia otro que además termina en 2; inútil coincidencia, la innovación se proyecta en nuestros días como el obsoleto sistema operativo «DOS», que maquilla su disfuncionalidad adornando las interfaces gráficas, y cambiando la numeración de su versión, tal como hacemos con el calendario, pasando páginas sin resolver los problemas estructurales para evolucionar.

Colorín colorado, el informe ‘Trade and Development Report’ (UNCTAD, March 2021) ahora califica 2020 como «annus horribilis», señalando que la crisis podría haber sido peor. Nadie se arrepiente, nada cambia y esta pandemia, tal como los indignados y el calentamiento global, quedó reducida a otra versión de ‘Pedro y el Lobo’.