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Parques de la Innovación

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Para atraer y vincular capital humano y emprendedor de clase mundial que cierre las brechas del conocimiento y la producción, Colombia necesita un esquema que emule las cuestionadas zonas francas y ofrezca condiciones excepcionales que permitan gracias a sus atractivos y estímulos, lograr el objetivo de seducir y afincar las personas y empresas que manejan la evolución de lo que aún desconocemos.

Ponerse al día en la frontera del conocimiento y anticiparse a los posibles cambios que conlleva la innovación científica y tecnológica en todas las arenas del saber en beneficio de la humanidad, en particular de nuestra atribulada sociedad, es ante todo una cuestión de Estado que desafortunadamente en nuestro caso no se ha comprendido como tal, con el agravante que cayó en un círculo cuasi perverso.

Es que la argucia de la triple hélice integrada por el Estado, la academia y el sector privado, en especial con el asunto la innovación, ha servido para que los gobiernos de turno se desentiendan de muchas responsabilidades que son de su resorte directo y las hayan traspasado a unos grupos de interés que no miran más allá obnubilados por sacar tajada de las migajas que reparten, ahora de las regalías.

Por lo tanto el Estado debe ser creativo y novedoso e inventarse con la ayuda de expertos, herramientas y mecanismos propios que trasciendan la cotidiana captura de quienes tienen poder y ejercen presión en torno de intereses exclusivistas y discriminatorios, para sentarse a pensar cómo utilizar las políticas públicas e ir más allá sin que cueste mucho más, pero si con benéficos resultados generales.

De ahí que la respuesta de política que necesitamos la resumo en los Parques de la Innovación, llamados a realmente transformar nuestra estructura productiva y cerrar las brechas de la innovación científica y tecnológica. Unos parques temáticos o genéricos, que sin entrar a focalizar cuales sectores van y cuáles no, enamoren a todos los profesionales extranjeros donde no tenemos conocimiento ni experiencia.

Resulta por lo tanto conveniente revisar y cambiar la estrategia de ser un país a lo sumo maquilador de las transnacionales, para convertirnos de la mano con estas, en productores y exportadores de conocimiento. Debemos reconocer que las zonas francas como fueron diseñadas solo han servido para beneficiar a los grandes capitales la mayoría de origen nacional y que la inversión extranjera es de maquila.

Pero además debemos admitir que las zonas francas son ineficientes y la mejor muestra de esto fue la solicitud que presentó el mes pasado la multinacional Siemens para retirarse del marco de zona franca especial, dado que las exenciones fiscales y aduaneras no le compensaban la carga administrativa que ésta conlleva.
Así las cosas resulta entonces muy conveniente ahora que se tramita en el Congreso el proyecto de Ley 89 de 2011, "por medio del cual se promueve el desarrollo industrial en Colombia", pero además por la anunciada reforma tributaria, que se desarrolle la estructura y principios de los Parques de la Innovación, instrumentalizados para cerrar brechas en toda la geografía nacional.

No basta con citar determinadas medidas que se sobrentiende hay que cumplir, ni requerir en los Planes de Desarrollo Nacional y regionales o en las rendiciones de cuenta exigencias al respecto, ya que de esto no se derivarán cambios de fondo en nuestro entramado productivo, porque esto no brinda los dientes ni los músculos requeridos, que en principio solo los da una reforma tributaria bien focalizada.

En mi caso aunque soy ibaguereño me siento caleño porque allí crecí y ahora cuando pienso en el Valle del Cauca pienso en el Valle de la Innovación y sin lugar a dudas las apuestas que se han hecho, por ejemplo el cluster aeroespacial con la posible llegada de Embraer, así como el Parque Biopacífico, están en la dirección correcta, pero pueden quedarse cortos si no se acompasan y aliñan bien.

Pensemos entonces en construir colectivamente los Parques de la Innovación que bajo unas condiciones fiscales, aduaneras y de bienes públicos excepcionales, entre otros, permitan que el conocimiento pertinente de clase mundial se desborde en toda la sociedad y en todas las fronteras de la producción y del saber.
 

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