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Era de la guerra por los mercados

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Tal como lo he venido pregonando, hoy en día la única guerra válida y legítima es la que libran los participes de los mercados, por sacar una tajada cada vez mayor de la torta que les corresponde. Al respecto, es obvio que las corporaciones transnacionales dominan éstas contiendas, por lo cual la función del Estado debe ser como intervenir en éstas, en procura de lograr lo mejor para la ciudadanía.

Aunque el término guerra suena demasiado duro y sea mejor hablar de pugnas, lo cierto es que el balance anual de ésta condición deja como damnificados a muchos negocios de todos los tamaños, a más pequeños en mayor proporción, y lleva a la liquidación de empresas, donde las contrapartes ganadoras crecen en ingresos, utilidades y capacidad de captura.

Es imposible abstraerse de ésta realidad, pero además demasiado costoso no asumir posturas adecuadas para enfrentarla, las cuales se ubican en los extremos del espectro ideológico actual, sin que ninguna de esas actitudes resulte idónea, lo que demostró la práctica. A pesar de esto, los países de la región obtusamente toman éstas posiciones, en nuestro caso a la derecha.

Acá, por la fijación y obsesión con los TLC, sólo se hace lo fácil, buscar buenas condiciones para vender productos primarios y manufactura básica e importar lo que no hacemos; no obstante, éste es un reduccionismo infame e inaudito en política de desarrollo, por cerrar cualquier posibilidad para insertar debidamente nuevas capacidades productivas.

Esta dependencia aberrante enquistada entre quienes fungen como dirigentes tanto de alas progresistas como de avanzada, se manifiesta en la negación del estigma neoliberal que se apoderó de su ideario y tragan entero al desconocer lo nefasta que ha resultado la profundización negativa y regresiva de la apertura producto del enfoque actual de desarrollo. ¿Qué hacer entonces para elevar la conciencia de estos monopolios dañinos de la verdad?

Es que pareciera no haber espacio, tiempo ni recursos para repensar lo anterior, para buscar caminos alternos efectivos que cierren las brechas del conocimiento en todas las arenas del saber y las fronteras de la producción, tal como lo he dicho y no me cansaré de repetir. Como movilizar el capital humano y emprendedor de clase mundial que contribuya en éste propósito, que debería ser un fin nacional.

Reconocer que junto a las anteriores masas críticas están inmersas las estrategias y tácticas propias del advenimiento de externalidades positivas que derivaremos si logramos que nuestros territorios con reglas adecuadas, sean campos fructíferos en las batallas de la globalización con soberanía; siendo vitales los estímulos que garanticen a los participantes, contar con misiles fulminantes para triunfar.

Al respecto, resulta vital identificar cuáles son las armas usadas por las empresas para concurrir con decoro a las pugnas libradas y apoderarse de participaciones crecientes en los mercados, entre ellas, la investigación y desarrollo, la inteligencia de mercados, la fortaleza financiera, y, la innovación permanente en toda la gestión; típicas de multinacionales ganadoras.

El paso que debe dar el Estado como responsable ineludible de lo anterior para intervenir de la forma más correcta posible, es comenzar a discutir la conveniencia de usar parámetros que permitan el desempeño de los negocios, conforme las características de los mercados en que funcionan, para con base en eso, responder con soluciones que se compadezcan. Vale mencionar que por soberanía los Estados desde la caída del muro de Berlín, libran guerras pacíficas entre sí, con políticas que permitan la presencia de todos los mercados habidos y por haber.

Aunque la condición posmoderna y la modernidad crítica se anclaron en el debate sobre las posibilidades de la razón, me identifico con S.S. Juan Pablo II cuando describió “la audacia de la razón”, para enfrentar situaciones como ésta en beneficio del bienestar general, por lo cual llamo a diseñar y utilizar audazmente políticas públicas virtuosas de avanzada, fundadas en la lógica y el orden, que respondan efectivamente a las guerras por los mercados y el sano desarrollo, posibles, sí y solo sí, hay esperanza y fe en la luz dada por la Providencia Divina.

Espero que este lenguaje beligerante tenga los efectos requeridos para comenzar una nueva etapa que nos haga ganar en las guerras por los mercados, nunca será tarde, lo importante es empezar y no, que pasen veinte años más sin hacer nada.

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