.
Analistas 09/04/2021

Pandemización

La pandemización de la política o la politización de la pandemia serían un desastre nacional. Es indispensable celebrar pronto un acuerdo que lo evite.

Desde el principio, la extensión, profundidad e intensidad de la pandemia han sido menospreciadas. Solo la dimensión de los efectos va convenciendo a sus víctimas de enfrentarse a una de las peores calamidades de la historia.

La gente no acaba de creer que es una amenaza real para su vida, salud y bienestar, que golpea a quienes la sienten en carne propia y a los alcanzados por sus efectos secundarios, que muchos consideran más dañinos que el mismo mal.

Y ante la ausencia inicial de remedios directos que permitan enfrentarla como una enfermedad, solo que de mayor tamaño y peligrosidad, la batalla contra el virus se concentra en atender a los enfermos, prevenir los contactos y acelerar la elaboración de la vacuna salvadora. Infortunadamente, a medida que pasan los días sobrevienen efectos colaterales que en las epidemias menores ni siquiera llaman la atención: influencia de los confinamientos sobre el estado de ánimo perturbado por los encierros, reacciones ante la escasez de productos de primera necesidad, brotes de delincuencia, en fin lo que podría esperarse de una epidemia que se pandemizó.

Pero las novedades no paran allí. Comenzaron aparecer dos efectos políticos. Saltaron las barreras de los dominios de la salud y la economía para infectar el terreno institucional , trayendo consecuencias que por ahora no se ven, o que por ser tan desastrosas no se quieren ver.

Los primeros casos ya están a la vista. En las elecciones de Estados Unidos, los resultados fueron indudablemente afectados por el desarrollo de la pandemia que corría al paso de los contagios . La respuesta al virus se sintió en las actividades de personas y familias y, en buena proporción, influyó sobre el comportamiento de los electores. Entró a formar parte del complejo coctel de motivaciones que determinaron los votos.

En Brasil, la conducta del gobierno despierta reacciones cada vez más politizadas. Ya obligó al presidente Bolsonaro a cambiar la cúpula militar, para enfrentar unas reacciones que se complican a diario por culpa de la que llamaba desdeñosamente “la gripita esa”. En Perú, es tema de campaña previo a las elecciones presidenciales que tendrán lugar en pocas semanas.

Si repasamos el panorama del continente, la noticia de la pandemia es su politización. Por ahora le agrega a los datos estadísticos el informe sobre vacunación y, en breve, lo utilizará para juzgar a los gobiernos y su capacidad para afrontar el comportamiento de sus pueblos, en medio de una enfermedad cuya contaminación de política parece acercarse con todos sus horrores.

Entre nosotros, afortunadamente estamos a tiempo de aprovechar la experiencia de los que van adelante en este proceso. Es año electoral, pero como apenas comienza pueden adoptarse unas directrices sensatas, antes de que el fragor de la lucha por conseguir votos se enardezca tanto, que los llamados a la cordura suenen como muestras de debilidad y caigamos en el despeñadero por donde otros ya se lanzaron.

No se requieren acciones descomunales para convenir unos acuerdos que protejan nuestra democracia. Solo se necesita un poco de buena voluntad para buscarlos cuanto antes.