Analistas

Una ciudad sin ladrones

Hace unas semanas, se hizo viral un video que mencionaba una supuesta ciudad sin robos. El material hablaba de Tokio, Japón, como ese idílico lugar. A pesar de que la información era falsa -esa urbe tiene índices muy bajos de inseguridad, pero nunca llegan a cero-, el imaginario de un lugar sin delincuencia nos puso a soñar a muchos bogotanos.

 En 1651, el inglés Thomas Hobbes, padre del concepto de Estado, en su revolucionario libro Leviathan, propuso que cada ciudadano entregara todos sus derechos al monarca a cambio de una sola cosa: la garantía de su integridad física. Hoy, dicho planteamiento suena descabellado, pero resalta el valor que cada quien otorga a este aspecto de su vida. 

 Para los ideólogos, la forma como se puede enfrentar la inseguridad depende de si se es de derecha -coerción- o de izquierda- prevención-. Esta es una falsa dicotomía pues es necesaria una propuesta integral que recoja ambos enfoques.

 Según Hugo Acero, experto en seguridad, Bogotá ha visto un leve avance con la nueva administración, ya que se evidencia una reducción en varios indicadores. Por ejemplo, el hurto a personas pasó en 2015 de 25.472 casos a 24.927 en 2016, lo que significa una reducción de 2%. Por otra parte, el hurto a comercio disminuyó en 28,6% mientras que el hurto a residencias y motos se redujo 3% y 5%, respectivamente.

 En el caso de los homicidios, la cifra bajó entre 3% y 5%, dependiendo de si se toman los registros de Medicina Legal o de la Policía. Esto llevaría a una tasa de 16 por 100.000 habitantes aproximadamente, lo cual constituye un gran avance respecto a lo que vivió la ciudad hace una década; sin embargo, está lejos de países como el ya mencionado Japón, donde es de 0,4. 

 Los ciudadanos son conscientes de esta situación. Según las encuestas de percepción, 45% de los entrevistados reportó que la inseguridad había aumentado, aunque menos si se compara con 2015, cuando gobernaba Petro.  A estos pequeños aciertos iniciales, se le suma la intervención del Bronx. Pese al desbordamiento inicial de la administración, haber seguido ignorando esa inhumana situación hubiera sido el camino más fácil. 

 A pesar de este acierto, aún falta mucho por hacer. 

 En términos de coerción es fundamental un trabajo conjunto por parte de las autoridades responsables para mejorar las sanciones con base en el nuevo Código de Policía. Así mismo, las condenas deben ajustarse a la realidad y las cárceles deben lograr rehabilitar. Hoy, muchos delincuentes son puestos en libertad ya que existe 50% de hacinamiento en las cárceles; aunque de aquellos que son enviados a estos centros, 15% es reincidente. Dostoievski escribió: “el nivel de civilización de una sociedad se puede juzgar al entrar a sus prisiones”.

 El plan cuadrante, de cuya potencial efectividad soy un fiel creyente, no ha dado los resultados esperados. Según un informe reciente, falta una mejor coordinación con la Fiscalía y las alcaldías y se requiere un mayor pie de fuerza con un fuerte componente de tecnología. 

 No es solo garrote. La prevención debe ir acompañada de la cultura ciudadana y el respeto por los demás como componentes de la educación. Es pertinente trabajar de la mano de las pandillas, incluyendo las notorias barras bravas, para reincorporarlas en el tejido social, entre otras medidas.  Falta mucho, pero debemos soñar y trabajar para que algún día tan siquiera acercarnos al ideal de vivir en una ciudad sin delincuencia.