Analistas

¡Qué injusto es ser mujer!

El mundo es injusto para las mujeres. Aunque en los últimos años, las brechas de salud y educación entre hombres y mujeres a nivel global se han cerrado en 96% y 95% respectivamente, la económica solo lo ha hecho 59%. Esta realidad tiene implicaciones sociales y de crecimiento económico. No obstante, la cultura machista, arraigada por siglos, es la más difícil de romper. 

El blog más leído sobre la asamblea del WEF, que se está desarrollando en Davos, fue escrito por la reconocida académica Anne Marie Slaughter, quien trata allí el tema de las diferencias entre géneros. Esa, que es la reunión más importante del mundo, nunca ha podido superar 20% de mujeres asistentes. Esa es solo la punta del iceberg, pues según Mckinsey la economía global crecería 28 trillones si existiera igualdad entre hombres y mujeres. 

De acuerdo con el Banco Mundial, una mujer gana 24% menos que un hombre por el mismo trabajo y solo la mitad logra conseguir empleo. Además, 6 de cada 10 mujeres trabajadoras tienen bajos ingresos al pertenecer a sectores de baja productividad.

En las últimas décadas ha habido avances. Entre 1980 y 2010 la participación laboral femenina se incrementó 20% en 60 países. Esto ha generado un cambio de actitud hacia las mujeres por parte de los hombres; desafortunadamente aún existen barreras difíciles de erradicar. Poco se reconoce su trabajo en el hogar. 

No se dimensiona el tiempo y el esfuerzo empleado en las labores domésticas y se piensa que las mujeres son las únicas responsables de esos quehaceres. La lucha contra ese imaginario involucra a toda la sociedad. No es una tarea fácil. Hinde Pomeraniec, periodista argentina reconocida por su trabajo contra la violencia de género, confesó que incluso ella, involuntariamente, ponía a sus hijas a que le ayudaran a recoger los platos y no a sus hijos.

Según la encuesta de Pew Research, 42% de los hombres y las mujeres encuestados dice que es ideal que las madres trabajen medio tiempo, 33% señala que las mujeres no deberían trabajar y solo 16% considera que lo ideal es que una madre trabaje tiempo completo. Este es un claro ejemplo de las posiciones machistas que ambos géneros asumen frente a la maternidad. 

No todo es malo pues el tiempo que gastan los padres haciendo actividades del hogar se ha doblado desde 1965, al pasar de 4 a 10 horas semanales, y el de las madres se ha reducido de 32 a 18. Pero aún es una diferencia del 80%. En Colombia la proporción de mujeres que hacen trabajo doméstico no remunerado es 43% más alta que la de los hombres. 

Según Slaughter, tanto hombres como mujeres deben tener todas las oportunidades para ocupar un cargo. A su vez, cuando sean padres, ambos tendrán que ir a cuidar a sus hijos. Esto debe estar tan arraigado en la cultura que tanto los primeros como los que no tienen descendientes, deberían tener las mismas oportunidades de surgir.

La Armada americana es un ejemplo de una institución que reconoce esta realidad. Para evitar que los marinos se retiren durante la maternidad y nunca regresen, ha desarrollado un programa que permite un “descanso en la carrera”. Bajo este modelo se otorga una licencia remunerada por tres años para que ellos puedan estar con sus hijos, y regresar en igualdad de condiciones frente a los funcionarios que no se fueron. 

Al ritmo actual la brecha económica en materia de géneros tardaría 118 años en cerrarse. Debemos actuar. Tanto hombres como mujeres les corresponde hacer su mayor esfuerzo para erradicar el machismo de su imaginario. La batalla es de todos.