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¡Ojo Ministra con el TPP!

En clase, el Nobel de economía, Joseph Stiglitz, solía decir que un acuerdo de libre comercio debe constar en una sola página en la cual las partes se comprometan a abrir sus mercados sin restricciones. Todos sabemos que la realidad es otra. Los procesos tardan años, se emplean miles de folios, se hacen en secreto y, dependiendo del poder que tengan las partes, pueden beneficiarlos o perjudicarlos. 

La semana pasada finalizaron las negociaciones del TPP -Acuerdo de Asociación Transpacífica-. Este no es un tratado mercantil cualquiera ya que crea la zona de libre comercio más grande del mundo; en dicha alianza estarán representados el 40% del PIB mundial y el 11% de la población global. Se estima, además, que incrementará la actividad económica del planeta en US$200.000  millones anuales. El texto definitivo será publicado en menos de un mes. 

Stiglitz ha sido el vocero de los opositores; él está convencido de que el TPP restringirá el libre comercio y empeorará la desigualdad social. Estas críticas se derivan de documentos filtrados por Wikileaks. En lo que se refiere a la industria farmacéutica, opina que la investigación se debilitará a raíz de la excesiva protección a la invención privada y a los monopolios; en consecuencia, se excluirán medicamentos genéricos que son más baratos, lo cual elevará los precios. 

Respecto a las tabacaleras con sede en EE.UU., Stiglitz dice que estas se benefician de acuerdos especiales sobre inversiones extranjeras que les permiten luchar contra las regulaciones internas si como consecuencia se reduce su rentabilidad esperada. La indemnización puede solicitarse ante tribunales de arbitramento, cuestionados por condenar al Estado al proteger la salud, y esto se reforzaría en el TPP.

No obstante, desde la academia también hay escuderos. Es el caso de Jeffrey Frankel, profesor de Harvard, quien considera que el TPP tiene sorpresas agradables. Por ejemplo, las farmacéuticas pedían protección a la propiedad intelectual monopolística sobre nuevas drogas por 12 años; finalmente se acordó un periodo de 8,5 años. 

Frankel señala que el TPP facilitará las campañas antitabaco y limitará algunos aspectos relativos a la solución de controversias. Para él, es positivo que los ecologistas hubieran obtenido garantías para la protección de las especies amenazadas; y que se limitaran los subsidios a las flotas de pesca. 

Pese a la diferencia en las interpretaciones derivada de información limitada, lo que sí está claro es que EE.UU., a través del TPP, tiene intereses geopolíticos concernientes a China. El presidente Obama dijo en un comunicado que no puede permitir que ese país asiático dicte las reglas de la economía. China no se ha pronunciado, ni lo hará, porque, entre otros, tiene acuerdos comerciales con la mitad de los países que integran el tratado. 

Esta realidad diplomática se podría traducir en una valiosa oportunidad para países como Colombia, pues Estados Unidos puede ceder en lo económico si considera que aliados estratégicos son importantes para contrarrestar a China. Sin embargo, nada de esto se sabrá hasta cuando se revelen los textos definitivos.

En ese sentido, fueron apresuradas las declaraciones de la Ministra de Comercio -una buena funcionaria por lo demás- al manifestar que “no podemos estar por fuera del TPP”. Decirlo fue desconocer a lo que se refería Stiglitz en clase: el diablo está en los detalles. 

¡Ojo Ministra! Primero miremos qué fue lo que se negoció y después determinemos si es conveniente para Colombia.