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Los robots y la desigualdad social

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La automatización de la industria viene generando mejoras en la productividad aunque también preocupantes consecuencias en el empleo y la desigualdad social. Imaginarse un mundo con billones de robots pertenecientes a unos pocos empresarios ya no es de una película de ciencia ficción. 

Desde hace siglos se viene especulando sobre el fenómeno. David Ricardo y Karl Marx escribieron, en su momento, sobre la posibilidad de que las máquinas reemplazaran a los trabajadores. 

En 1930, Keynes publicó un ensayo en el que manifestó su preocupación por el “desempleo tecnológico” resultado de una menor utilización de la mano de obra. Su intranquilidad no se materializó ya que los incrementos de productividad aumentaron los ingresos, la demanda y el empleo. Sin embargo, hoy puede ser diferente. 

En su reconocido libro “El capital en el siglo XXI”, Piketty concluye que la elasticidad de sustitución entre capital y trabajo, en los años de 1970 a 2010, estuvo entre 1,3 y 1,6. Estar por encima de 1,0 significa que incrementar la proporción entre capital e ingreso lleva a un alza en la participación del ingreso nacional por parte del capital y, por ende, agranda la brecha de desigualdad. 

A este ritmo, muy pronto, las industrias inteligentes acogerán todo proceso susceptible de sistematizarse. Las empresas chinas compraron 34.000 robots en 2013 y 56.000 en 2014. En Japón, por ejemplo, el hotel Henn-na cuenta con 25 robots encargados de su operación. Además, según la Universidad de Oxford el 47% de los empleos de Estados Unidos podrían ser ocupados por androides en la próxima década. 

Según el premio Nobel de economía Krugman, con los robots se aumentará la oferta laboral y los salarios de los profesionales más cualificados, no obstante, se desplazará el empleo de la clase media hacia los de cualificación baja. Los primeros serán más ricos mientras que los segundos más pobres. La gran afectada será la clase media.

A través del sitio web de la Radio Nacional Pública de Estados Unidos es posible calcular la probabilidad de que un determinado trabajo se automatice y pueda ser remplazado por máquinas. Por ejemplo, los empleos de clase media como los asistentes legales tienen 94.5% de chance, mientras que los de clase alta como los abogados, 3.5%: http://tinyurl.com/kvnyq63

El debate sobre la desigualdad pronto será más complejo ya que al desaparecer los empleados de las fábricas, pierde sentido la discusión en torno al salario mínimo, las pensiones y la distribución equitativa de utilidades. El empresario comprará sus robots y en adelante no tendrá que lidiar con trabajadores ni sindicatos. 

Además, con un capital que crece más rápido que la economía los trabajadores reciben menos ingresos en términos reales. En Estados Unidos, Alemania e Inglaterra, la tasa de desempleo ha permanecido baja y por ende los salarios no han aumentado pues los empresarios, al sustituir empleo por automatización, generan menos demanda laboral y menos presión hacia el alza salarial. 

La reducción de la clase media y el estancamiento de salarios se deben evitar a toda costa. Esto no se hace resistiendo los avances tecnológicos, sino logrando que la titularidad del capital se democratice. A esto se llega mediante un sistema educativo que genere capacidades de innovación y de adaptación frente a las nuevas tecnologías, enfocado en desarrollar la inteligencia emocional y creatividad, lo cual constituirá una ventaja comparativa frente a las máquinas.

Es hora de tomar medidas.
 

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