Analistas

El ministro, la ciencia y la tecnología

La ciencia, la tecnología, la investigación y el desarrollo son aspectos críticos para el progreso de un país. Que el Ministerio de Hacienda hubiera reducido el ya mediocre presupuesto refleja el pensamiento cortoplacista de un país subdesarrollado. La contradictoria frase “en ciencia y tecnología con muy pocos recursos se hace mucho”, pronunciada por el ministro tras el recorte genera aún más inquietud. Si el retorno por peso invertido es tan alto, como dice el ministro, ¿por qué se priorizaron otros sectores? Cualquier sociedad con solo un poco de sentido común apoyaría aquello que le dé mayores ingresos futuros. El ministro y el presidente se han quejado, con razón, sobre la caída del precio del petróleo, pero reducen la posibilidad de diversificar el sector productivo a raíz de este tipo de medidas.

Según el último informe nacional de competitividad, la situación colombiana en este aspecto es pésima. Por ejemplo, la tasa de patentes por un millón de habitantes es de 5,44 mientras que para países vecinos como Brasil es de 22 y el promedio de los miembros de la Ocde es de 900. En el ámbito empresarial, el sector de manufactura y el de servicios reportan 0,1% y 0,03%, respectivamente, los cuales se catalogan como “innovadores”.

El gasto en estos rubros ha sido históricamente deficitario lo que nos ha llevado a depender de los altibajos de los precios de las materias primas. En el caso de investigación y desarrollo, antes del recorte, el gasto del país estaba alrededor de 0,25% del PIB mientras que para el resto de Latinoamérica es de 0,77% y para la Ocde es de 2,3%; es decir, tres y nueve veces más.

Si realmente no hubiera presupuesto porque los gastos en ámbitos esenciales como la salud y la educación se lo estuviera llevando, se entendería la posición; no obstante, esta no es la realidad. La aberrante corrupción cuesta cifras incalculables y los más de $70 billones que se gastan en subsidios sociales han logrado una reducción incipiente en el coeficiente Gini. Esto evidencia falta de gestión y eficiencia.

La antirredistributiva reforma tributaria no logró los ingresos esperados pero sí afectó el consumo. La plata es limitada lo cual es entendible. Lo que es inaceptable es que por malas políticas o por falta de transparencia -la estrecha relación del Gobierno con los “noños” es un claro ejemplo- se pierdan recursos. Se requiere un gran revolcón en ciencia, tecnología e innovación en los años venideros si Colombia quiere salir de su atraso. El caso de los tigres asiáticos es emblemático pues estos países decidieron enfocarse en sacar adelante su sector productivo. Adicionalmente, las externalidades de una política industrial moderna con un fuerte componente estatal ha llevado a innovaciones de la talla de Internet.

Se necesita una verdadera inversión en entidades como Colciencias y vincularlas al empresariado. La alianza entre lo público y lo privado debe ser robusta. Además, se deben proteger las innovaciones de los científicos y emprendedores a toda costa con una política efectiva contra la piratería. El mercado financiero debe apostarle a iniciativas y proyectos que puedan traer réditos para el país. Algunos fracasarán; sin embargo, serán compensados por aquellos que fueron exitosos.

Siguiendo la lógica del ministro, el alto retorno de la inversión en ciencia, tecnología e investigación debería llevar a grandes apuestas en ese rubro y no a recortar el poco presupuesto que existe.