Analistas

Dante Alighieri, su infierno y el Bronx

De la literatura mundial, la primera parte de la Divina Comedia de Dante Alighieri se destaca por su memorable y cruda descripción del infierno. Las imágenes que se derivan de esta ficticia poesía se asemejan a lo hallado en el Bronx y su estructura literaria nos deja una lección de cómo afrontar este problema.

La inscripción a la entrada del infierno en el Canto 3 de la obra podría fácilmente estar en un aviso de la temida L: “Por mí se va, a la ciudad doliente / por mí se va, al eternal tormento; / por mí se va, tras la maldita gente….¡Oh, los que entráis, dejad toda esperanza!”.

Por años, la ausencia del Estado hizo que la población más vulnerable quedara abandonada a su suerte. El que entraba dejaba en la puerta la esperanza de salir. Allí se encontraron personas hacinadas, entre ellos menores, en cuartos donde, en medio de basura, malos olores y bazuco, pasaba de todo. En el infierno Dante señaló: “Yo miraba con vista prevenida, / y vi gente fangosa en el pantano, / desnuda y con la faz de ira encendida. / Golpeábanse entre sí, no con la mano, / mas con los pies, el pecho y la cabeza, / y se mordían con furor insano”.

También se hallaron excrementos humanos regados por donde vivían estas personas, lo que nos recuerda esta cita de la mencionada obra: “La pendiente está toda embadurnada/de sucio orín, que la nariz ofende, / y que náuseas provoca a la mirada….Vimos allí una turba zambullida, / que chapoteaba en una cloaca inmunda,/a estercolar humano parecida…”.

Los temidos “Sayayines” que ante la ciega mirada de un Estado cómplice ajusticiaban, asesinaban y desaparecían los cuerpos, se parecen mucho a lo visto por Alighieri: “A un diablo negro vi, que descendía,/cruzando por las rocas de carrera. / ¡ Oh! ¡ cuan fiero su aspecto parecía!¡Cuánta maldad en su ademán acerbo, / en su ágil paso, y ala que tendía! Sobre su agudo lomo, alto y superbo, / de ambas piernas cargado, conducía,/asiendo los jarretes, a un protervo… Desde el puente a los diablos les decía: / «De Santa Zita traigo aquí un anciano: / échalo abajo: más hay todavía”.

Por otra parte, los jefes de los “ganchos” quienes, en últimas, son los grandes responsables de esta miseria, utilizaban a estos humildes ciudadanos como “desechables”. En el temible “Judeca”, el noveno y más profundo círculo de este terrible lugar, Satanás habita y actúa igual: “En cada boca un pecador devora, / con sus colmillos, de espadilla a guisa: / de un alma es cada boca torcedora. / La del frente, algo menos martiriza, / pero su garra, cual de acero dura, / la piel hace pedazos triza a triza”.

Encontrar, tan cerca de la Alcaldía, algo que podría salir de esta impactante obra es una vergüenza para la capital. La intervención policial era necesaria ya que sin la presencia del Estado las acciones sociales no podían prosperar. 

Voces como la del incapaz alcalde Petro -quien permitió por años que esto sucediera- han intentado hacer creer que la acción del Gobierno Distrital fue un atentado contra la gente más necesitada de esta ciudad. Esto es falso.

Tal como en el infierno de La Divina Comedia, en el Bronx había de todo. En la obra, a medida que Dante va adentrándose en círculos más profundos, los “pecados” son peores. Y es justamente así que se debe afrontar esta problemática, al distinguir claramente entre víctimas y victimarios.

Los culpables deben recibir todo el peso de la ley y los inocentes el apoyo irrestricto de las autoridades públicas, las cuales deben cumplir la misma función de Beatriz quien guía a Dante hasta el “paraíso”. Es la única forma de que esto no vuelva a ocurrir.