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UE ¿sin vetos?

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Eric Tremolada - eric.tremolada@uexternado.edu.co

Dentro de los ámbitos cooperativos de la Unión Europea (UE) encontramos la política exterior y de defensa, competencias no cedidas por los Estados, que hasta ahora implicaban la unanimidad de los ministros en el Consejo para poder pronuciarse como bloque. Sino se alcanzaba este consenso, cada servicio exterior de los Estados miembros -por su lado- podría pronunciarse según sus intereses. Sin embargo, parece que en el quinquenio que inicia, se apostará por lo que ya muchos llaman “política exterior a varias velocidades”.

La reciente declaración de rechazo del plan de paz diseñado por el inquilino de la Casa Blanca para el conflicto Palestino-Israelí, aprobada por 25 de los 27 Estados miembros, indicaría que la UE quiere superar sus procesos de consenso que ralentizan pronunciamientos rápidos y contundentes. Así, compartiendo un reciente análisis de Bernardo De Miguel en El País, la UE, vía posiciones mayoritarias, dejará en el camino a los países que usualmente se resisten a una posición común, como es el caso de Hungría y Polonia.

El Alto Representante de Política Exterior de la UE, Josep Borrell, tras una primera reacción tibia al plan de Trump, lideró una respuesta clara y rotunda advirtiendo a Israel que la UE controvertirá cualquier ocupación de territorio palestino que se produzca en el marco del flamante plan de paz. El rechazo, presentado como una posición mayoritaria de la UE, deslució las objeciones obvias de Israel y las de Hungría -socio de la UE- más preocupado por aclararle al gobierno de Washington que no se le ha desalineado. Esta fórmula, que marca una línea de actuación, no es nueva, su antecesora Federica Mogherini ya la había intentado sin tanto éxito y con muchas críticas.

Otro ejemplo reciente en este sentido es el apoyo político a la Misión Europea de Vigilancia Marítima en el Estrecho de Ormuz integrada por Alemania, Bélgica, Dinamarca, Grecia, Italia, Países Bajos y Portugal, que bajo el liderazgo de Francia, garantiza un ambiente de navegación seguro y calma las tensiones en el estrecho. La misión europea de vigilancia marítima y seguridad es una respuesta al recrudecimiento de las tensiones entre EE.UU. e Irán en torno a este estratégico paso de navegación para el comercio de petróleo.

La cabeza del Servicio Europeo de Acción Exterior, al comprender la dificultad de lograr una cultura estratégica común, parece que no se detendrá mucho intentando alcanzar los necesarios consensos y optará por la vía de las mayorías o coaliciones para darle oportunidad y relevancia a los pronunciamientos.

Pero no solo Borrel está superando con pragmatismo la posibilidad de veto, bajo el paraguas de la UE -aunque se vea agujereado-, tanto la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, como el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, han dando señales en este sentido. De hecho este último eludió, el pasado diciembre, el veto de Polonia al objetivo de cero emisiones de CO2 en 2050. Recogiendo la objeción polaca en el texto, se pudo avanzar con los proyectos que harían realidad el llamado Pacto Verde.
No obstante, si bien el pragmatismo en política exterior y de defensa es necesario como contrapeso oportuno a Washington, puede erosionar la confianza al interior de la UE que, en materia de competencias no cedidas, exige unanimidad a menos que se pacten otros mecanismos.

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