ANALISTAS

Nueva guerra fría
jueves, 23 de julio de 2020

Más columnas de este autor Eric Tremolada - eric.tremolada@uexternado.edu.co

El enfrentamiento político, ideológico, social y cultural entre EE.UU. y la URSS, que se desarrolló entre 1945 y 1989, fue conocido como el período de la “guerra fría”. Se trataba de una amenaza permanente entre dos bloques constituidos por acuerdos de cooperación y asistencia militar: El bloque occidental se organizó alrededor de la Otan, liderada por EE.UU., y el bloque oriental, bajo el auspicio de la URSS con el Pacto de Varsovia.

Si bien no se trató de un conflicto armado, se produjo una fuerte escalada armamentista, donde ambos bloques y sus aliados acumularon armas nucleares con la capacidad de destruir el planeta. Constantes ensayos nucleares nos demostraban, por un lado, el poder y la capacidad destructiva y, por el otro, el equilibrio por el temor a la destrucción total, y salvo la crisis de los misiles en Cuba, siempre reinó la sensación de que la inminente guerra no se desencadenaría.

El enfrentamiento de hoy no deja de ser sorprendente, se da entre dos socios que en los últimos 40 años mantenían estrechas relaciones económicas, empresariales e incluso políticas. Sin embargo, la escalada de nuestros días entre EE.UU. y China, como señala Lluís Bassets en El País, pretende un divorcio que deshaga esta comunidad de bienes y busca, además, forzar con amenazas a los vecinos y amigos para que tomen partido. Parecen obvias las palabras altisonantes, las sanciones y denegaciones de visados, aunque dificulten la separación “las inversiones cruzadas, los fondos de pensiones invertidos en uno y otro país, las cadenas de producción y de valor añadido, los intercambios y suministros tecnológicos…”.

Hoy la causa predominante no es imponer las ideologías con lógicas de securitización, se trata de dividir la economía y tecnología del planeta en dos nuevos bloques. Desde Washington, se culpa a China del déficit comercial, espionaje y robo tecnológico, ahora, con el inquilino de la Casa Blanca en campaña, de la pandemia y la recesión económica. Por su parte, Pekín ve oportunidades en los ataques de Trump, incluido lo que hace al orden mundial, que como dice Bassets, ponen a China en el centro del mundo. Lógica sinocéntrica que seduce a Xi Jinping.

En tanto, Hong Kong se torna en el ring del pugilato. La ley de seguridad impuesta por el Partido Comunista, que pone una mordaza a la oposición China y rompe el acuerdo “un país, dos sistemas” por el que la colonia británica fue devuelta en 1997, se responde con el fin al régimen preferencial en las relaciones económicas con este centro global de finanzas. La norma contiene sanciones contra los funcionarios chinos responsables de reprimir las protestas, castigo que se amplía a los bancos que hagan negocios con estos individuos y contribuyan así a la erosión de su autonomía, que estaba protegida hasta el año 2047.

Washington busca debilitar a Pekín y provocar una fuga de cerebros. Londres, alegando riesgos de seguridad, veta la tecnología de Huawei en el desarrollo de las 5G, Australia, Canadá y Finlandia suspendieron sus tratados de extradición con Hong Kong alegando que los afectados podrían ser juzgados en China, mientras EE.UU., Nueva Zelanda y el Reino Unido sopesan hacer lo mismo. Pekín, alega injerencia en sus asuntos internos y anunció sanciones contra la armamentística Lockheed Martin, beneficiaria del último contrato firmado por EE.UU. con Taiwán.