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Mirar al conjunto (2)

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Cerrábamos nuestra última columna diciendo que Colombia no solo mira al norte y a sus similares -mira y está inserta en el conjunto-, política exterior que en tiempos en que se amenaza el multilateralismo hay que cuidar y defender. Todo indica que volveremos al respice polum que hace más de un siglo -con pocas excepciones- alinea nuestra política con EE.UU., dejando poco margen de maniobra y autonomía.

En los últimos dos cuatrienios se diversificó la agenda fortaleciendo las relaciones con Latinoamérica y el Caribe, revirtiendo el rezago y el desplazamiento que teníamos con la región Asia Pacífico, y nuestra agenda exterior dejó de centrarse en la securitización para soportarse en una diplomacia económica, comercial y cultural.

De las primeras declaraciones del canciller Carlos Holmes Trujillo, podemos inferir las prioridades del nuevo gobierno: anunció nuestro retiro de Unasur como el cumplimiento de una promesa de campaña y no como una obvia consecuencia de la crisis que se desató en su seno en abril cuando seis de sus miembros (Brasil, Argentina, Colombia, Chile, Perú y Paraguay) suspendieron su participación hasta tanto no se den resultados concretos que garanticen el adecuado funcionamiento de la organización. Si queremos afianzar nuestras relaciones con la región ¿no sería mejor liderar una reconducción de este proceso? Ecuador, Guyana, Surinam y Uruguay se sumarían a los que suspendieron su participación, y los restantes, Bolivia y Venezuela, tendrían pocas posibilidades de frenar el redireccionamiento.

Respecto de la disputa jurídica con Nicaragua suma muy poco al relacionamiento regional anunciar -sin precisar- que se acudirá a “todos” los mecanismos necesarios para defender el territorio colombiano, olvidando la Sentencia de la Corte Internacional de Justicia de 2012 y los dos procesos en curso, además que se le da oxígeno patriotero al gobierno de Ortega.

En cuanto a la migración venezolana, Holmes propone un fondo humanitario de emergencia y la designación de un enviado especial de Naciones Unidas, y para que los venezolanos escojan con garantías el gobierno que quieran, piensa en una “coalición internacional”, pero no se dice quiénes contribuirán con el fondo y quiénes se sumarán a la coalición. Poco probable es que sean

Estados de la región teniendo en cuenta los anuncios frente a Unasur y la disputa con Nicaragua.

Respecto a EE.UU. se aseguró que habrá más diversidad en la agenda bilateral, aunque seguimos hablando de las hectáreas de coca, y si nos guiamos por el discurso del presidente del Congreso en la posesión presidencial, volveremos a negar la existencia de un conflicto que estamos intentando dejar atrás.

Sobre el reconocimiento de Palestina como Estado, mirarán antecedentes y caminos de acción alternativos, mientras se convoca a la controvertida Comisión de Asuntos Exteriores. Una reconsideración sería un error mayúsculo frente a nuestra inserción, seriedad y fortaleza en el campo internacional, no solo porque no existen precedentes de retractación en materia de reconocimientos de Estados, sino porque el país fue agotando -con excesiva prudencia- plazos y opciones. En los 90 permitió la llegada de su misión diplomática y en 2014 habíamos elevado el estatus de esa legación.

Desafíos al vecindario que por cierto riñen con la idea de liderar la creación de una Corte Internacional Anticorrupción.

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