Analistas

¿Echando de menos a Sadam Husein?

El profesor Álvarez-Ossorio (El País 21/08/14), nos recuerda que el terreno fértil de la guerra en Siria y la inmovilidad internacional frente a esta, explicarían como el hoy autodenominado Estado Islámico de Irak y el Levante (Eiil por sus siglas en castellano e Isil o Isis en inglés) controla regiones considerables de Siria e Irak. 

En primer lugar, nos cita la advertencia que en 2012 hiciera International Crisis Group: “La guerra siria ofrece a los salafistas un entorno propicio: violencia y sectarismo, desencanto con Occidente, líderes seculares y figuras islámicas pragmáticas, así como acceso a la financiación del golfo Árabe y el saber hacer militar yihadista”.

El salafismo propugna por el renacimiento del islam, a través del retorno a la fe original. Esta  nueva lectura afirma fundarse en el Coran y la Sunna, esto es el conjunto de hadices (hechos y palabras predicados a Mahoma y sus compañeros). Los salafistas de predicación rechazan la vía yihadista que pretende imponer un régimen musulmán mediante la acción violenta y revolucionaria, no obstante, es esta tendencia rebelde, la que encontró el terreno fértil en la guerra Siria y a la que se refería el International Crisis Group.

El médico egipcio Ayman al Zawahiri líder de Al Qaeda aprovecha la guerra para implantarse en Siria invitando -en febrero de 2012- a todos los musulmanes a combatir al régimen “apóstata” de Bachar el Asad. Facilita la tarea su par local el Frente al Nusra, y además, la inmovilidad de la comunidad internacional que resalta Álvarez-Ossorio como segunda razón.

En 2013, el Frente al Nusra comandado por Abubaker al Bagdadi, pretende una lucha que trascienda las fronteras de Siria a lo que se opone Ayman al Zawahiri exigiendo que cada grupo se centrara en su propio país de origen. Sin embargo, Bagdadi no hace caso y desafía el monopolio de la ideología yihadista, representando una organización trasnacional que seduce incluso radicales europeos.

La inmovilidad internacional que bien refiere el citado profesor, no solo produjo el efecto de llamar radicales, facilitó la financiación toda vez que al tener una base territorial controlan campos de explotación de petróleo, recaudan impuestos en las zonas donde imponen su autoridad y realizan extorsiones. Cuando tomaron el Banco Central de Mosul se hicieron de unos US$400 millones.

Esta organización suní, que acude a los hadices para justificar su guerra contra el régimen alauí sirio y contra el gobierno chií iraquí, no solo paso por encima de Mosul sino que acecha las capitales de Irak y de la región autónoma del Kurdistan (Bagdad y Erbil), declaro un nuevo califato el 29 de junio pasado, decapitó -ante las cámaras- a un americano por medio de un británico e inquieta al mismo tiempo -y por las mismas razones- a los Estados Unidos y a Al Qaeda, mientras el mundo sigue impávido.  

Entre tanto, algunas cifras que son tan vergonzosas como el califato del terror. A lo largo de tres años de guerra en Siria los muertos suman 191.369. Cifras proporcionadas recientemente por la Organización de Naciones Unidas en su informe encargado por su oficina de derechos humanos a cinco fuentes distintas. Al menos 8.803 eran niños, de los cuales 2.165 tenían menos de diez años. Precisan -además- que las cifras probablemente subestiman el número de fallecidos debido a que en algunos casos “faltaban elementos de verificación” y no incluye a las víctimas mortales de los últimos meses.