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En este gobierno redujimos la pobreza energética en más de 1,4 millones de personas. Esto lo sabemos porque, además, fuimos el primer gobierno en medirla oficialmente en el país.
Como lo pueden ver todos los colombianos gracias a nuestro informe de este año, en 2025, 95,7% de los municipios del país redujo su nivel de pobreza energética. Las cinco regiones del país mejoraron, con el Caribe a la cabeza y la Amazonía-Orinoquía y el Pacífico muy cerca.
Sin embargo, como ningún otro gobierno se había preocupado por la pobreza energética, ni por medirla, la opinión pública no está familiarizada con este problema. Por eso, vale la pena explicarles a los colombianos cómo la concebimos y por qué es tan importante reducirla.
En el Ministerio de Minas y Energía construimos un índice de pobreza energética, basado en estándares internacionales, y nos preguntamos dos cosas: si los hogares tienen acceso a energía y si pueden convertirla en bienestar real. Por ejemplo, cocinar sin enfermarse por combustibles contaminantes, conservar alimentos y medicamentos, conectarse a internet y tener computador y smartphone.
La pobreza energética pone en desventaja a los chicos que no tienen computador para estudiar; afecta la salud de las mujeres y las niñas que deben cocinar con leña (debido a los roles de género tradicionales); pone en riesgo las casas de las familias más vulnerables, pues, si no tienen energía eléctrica, se arriesgan a incendios provocados por velas; y, para completar, la falta de acceso a internet y a smartphones impide que quienes sufren de pobreza energética tengan acceso a las noticias, a la información y a todo lo que la conexión a la red permite.
La pobreza energética no se redujo sola. Detrás de las cifras hay una batería de programas que nosotros creamos y que van a seguir reduciendo este problema. Mencionemos solo algunos. Comunidades Energéticas ya está llevando energía limpia a los rincones del país. Pronto, cientos más entrarán en operación. Gracias a nuestro esfuerzo, Colombia alcanzó 93,12% de cobertura eléctrica, conectando 539.351 viviendas nuevas al servicio. En el Pacífico, “Respira Pacífico” e “Iluminando al Pacífico” sustituyeron estufas de leña y bombillas ineficientes para más de 36.000 usuarios en Chocó, Valle del Cauca, Cauca y Nariño.
El marco normativo también lo ajustamos para reducir la pobreza energética. La Ley 2467 de 2025 obliga al Estado a subsidiar 70% del costo de conexión de gas por redes en vivienda VIS y VIP, y la Resolución 40165 de 2024 formalizó la sustitución de leña, carbón y keroseno por gas para hogares de estratos 1 y 2 y comunidades indígenas. Esas comunidades, justamente, muestran una de las tendencias más alentadoras del informe: los resguardos indígenas en los quintiles más altos de pobreza energética mejoraron todos en este indicador. Son tres años consecutivos de mejora en los territorios que históricamente han estado más excluidos.
Los demás ministerios de nuestro gobierno también fueron clave. MinTIC conectó, entre 2022 y 2025, 19.057 escuelas rurales y 134.860 hogares rurales a internet, con una inversión de $2,8 billones. La cobertura de escuelas rurales conectadas pasó de 12% en 2022 a más de 50% en 2025. Y el Ministerio de Vivienda, con su programa “Cambia Mi Casa”, invirtió $1,5 billones en pisos, techos, cocinas y redes eléctricas intradomiciliarias.
Lo anterior muestra que el gobierno de Gustavo Petro estuvo comprometido con la transición energética justa. Es importante subrayar la palabra “justa”. El presidente Petro no solo buscó aumentar el uso de energías limpias, sino también que los ciudadanos se beneficiaran de la transición con mejores tarifas y menor pobreza energética.
Colombia llevaba años sin siquiera saber cuántos de sus ciudadanos vivían en pobreza energética. Medirla fue un acto de compromiso contra ella. Reducirla, como lo hicimos, con mejoras en las cinco regiones y en los territorios étnicos históricamente más rezagados, es un resultado del que debemos estar orgullosos en el gobierno de Petro.
Y tenemos mucho más para mostrar, sobre todo a quienes insisten en que la mejora en todas las cifras sociales fue algo automático, en lo que no tuvimos nada que ver. Porque con este gobierno pasa algo inédito: es el único que, según sus críticos, ha mejorado la vida de los colombianos sin haber hecho nada para lograrlo. Cuando la realidad es muy distinta: somos los primeros en haber hecho algo por problemas que antes ni se reconocían como tales.
No son servidores de un gobierno; son servidores del Estado. Su principal aporte consiste en preservar la memoria institucional
Como las serpientes, vamos cambiando de piel, sí, así, literalmente, y la verdadera sabiduría radica en adaptarnos. Somos, por esencia, seres utilitaristas