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¡Saquemos la naturaleza del conflicto armado!

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Dos eventos llaman la atención de la comunidad ambiental del país: el primero, la encíclica “Laudato Si” del papa Francisco que propone como desafío “cuidar la creación”; y el segundo evento, los ataques de la guerrilla a la infraestructura petrolera como método absurdo de lucha política.

En los años 1997 y 1998, ante los continuos ataques del ELN al oleoducto Caño Limón-Coveñas que ocasionaron incalculables desastres ecológicos en el Catatumbo, promovimos desde el Ministerio del Medio Ambiente la campaña: “Saquemos la naturaleza del conflicto” que terminó en conversaciones de paz con empresarios en el Convento Puerta del Cielo en Mains (Alemania). Estos encuentros fueron respaldados por la Iglesia de ese país. Se trataba de convencer a la guerrilla de proteger y cuidar el medio ambiente como prioridad de la humanidad.

No es justo que futuras generaciones reciban un medio ambiente maltratado. En el planeta, cada día, la población crece en 260.000 personas, se extinguen más de cien especies de plantas y animales, entran 90.000 vehículos en circulación, arrojamos más de 60 millones de toneladas métricas de dióxido de carbono a la atmósfera que acaban con 42.000 hectáreas de selva tropical. Y en Colombia, además, seguimos derramando el petróleo a nuestros ríos, lagunas y mares.

El planeta se tiene que organizar con una mayor conciencia ética de protección al medio ambiente. Los gobiernos deben usar su poder para acabar el deterioro de los ecosistemas. Cada uno tiene el deber de responder por su hábitat.  En todo el mundo hay discusiones “locales” para disminuir emisiones de carbono, utilizar combustibles menos contaminantes y generar energía con paneles solares.

El Papa destaca que hay un problema de justicia social que surge de la crisis ambiental porque es menos calidad de vida para la gente, en especial para las futuras generaciones.

La Biblia es rica en enseñanzas que ordenan la protección del planeta como hogar colectivo de todos. Debemos cuidar nuestro universo como la máxima creación divina. Sin embargo, esta línea filosófica ambiental internacional es agredida en el país.

Nuevamente las Farc está utilizando explosivos contra los oleoductos, especialmente en el Trasandino, en Putumayo. En Puerto Asís derramaron 200.000 galones de crudo en la vía Puerto Vega-Teteyé, en el oleoducto Orito-Mansoya-Orito.

 A eso sumemos la contaminación que avanza por el río Mira, en Tumaco, que ya llegó al Océano pacifico y deja trazas de crudo en la playa. Y lo peor es que los intentos para instalar barreras que impidieran su llegada a las aguas no fueron permitida por personas armadas. También detuvieron caravanas de 23 tractomulas y carrotanques que movilizaban petróleo y obligaron a los conductores a abrir las válvulas para derramar 14.000 barriles en las vías del Putumayo, lo que ocasionó daños ambientales irreparables.

Los mismos guerrilleros han declarado que no se enorgullecen de los resultados de las acciones contra la infraestructura petrolera y que son “los daños no deseados de la guerra”.

Todas estas acciones van en contra del Derecho Internacional Humanitario (DIH) que claramente expresa que el medio ambiente no puede ser objetivo militar en los conflictos armados, bajo ningún pretexto. Precisamente, las partes en conflicto están bajo el imperio del Derecho Internacional de los Derechos Humanos y el DIH.  La guerrilla debe cesar sus ataques al medio ambiente y a la población civil.

Queremos insistir hoy, como hace 17 años -y ahora con más vigencia que nunca-, ¡saquemos la naturaleza del conflicto armado!

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