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¡Qué no nos apaguemos en el Caribe II!

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Es necesario entender la verdadera situación del sistema eléctrico de la Región Caribe. La operación actual está en un nivel crítico, no brinda las condiciones mínimas de confiabilidad que exige el mismo sistema eléctrico colombiano y cualquier falla pequeña nos conducirá a racionamientos.

La razón: el sistema de subtransmisión está saturado y trabaja al límite debido a la falta de obras de expansión que no fueron ejecutadas oportunamente. Y lo que es peor, a la fecha, no se ha iniciado el proceso de contratación y construcción de obras prioritarias para que el sistema regional no colapse. No es falta de generación.

A final de este año, la Región Caribe estará en condiciones de máxima demanda y el riesgo de racionamiento se incrementará al estresarse aún más la red de subtransmisión. En una ciudad con capacidad instalada normal, una falla en uno de sus componentes no debería causar racionamiento, el público ni siquiera se daría cuenta.

Por el contrario, en el Caribe, una contingencia implicará racionamiento debido a que la red funciona sobrecargada y no es capaz de seguir abasteciendo la demanda, incluso, podrían presentarse situaciones como racionar de manera programada para evitar un colapso total en la región ante una falla.

Hay que construir, de manera urgente, un paquete de obras de subtransmisión que conecte la generación y la transmisión nacional con el sistema regional. Hay que acelerar esos proyectos porque normalmente entre procesos y trámites se tarda entre tres y cuatro años, desde el momento de la decisión hasta que entran en servicio, es decir, tendremos cuatro años de incertidumbre que hay que recortar.

Parte de los proyectos que se requieren con urgencia son: la Subestación Caracolí 110kV, la línea Juan Mina – Nueva Barranquilla que no se ha hecho por problemas de servidumbre, la reconfiguración de subestaciones en Tebsa, el aumento de las subtransmisión en Barranquilla con las nuevas líneas subterráneas para conectar la nueva Subestación  Estadio, ampliación de la subestación Nueva Barranquilla, y en otras ciudades de la costa, la ampliación de las Subestaciones Valledupar 110V, Cuestecita, La nueva subestación La Loma 110kV, entre otras.

Este paquete de obras indispensables tiene un costo aproximado de US$500 millones que nadie está gestionando.

Las electrificadoras del Caribe en su proceso de privatización han pasado de mano en mano en menos de 20 años. Al principio, los dueños fueron unos norteamericanos, después unos venezolanos, luego españoles con Unión Fenosa, siguió Gas Natural y, por último, el Fondo de  Inversiones Nuevo Milenium. Se ha diluido la responsabilidad del aporte de los recursos y del mantenimiento del sistema, y prácticamente no ha habido continuidad de tareas, ni disciplina y control del Gobierno. 

Antes el Gobierno era dueño y respondía por todo, ahora la responsabilidad está repartida en muchas manos. La operación del sistema eléctrico tiene ahora “multiplicidad de propietarios” de líneas y subestaciones lo que facilita que todos se laven las manos.

Hay que evitar que la Región Caribe pierda competitividad y que no tengamos los fatidicos apagones que atrasarían los proyectos de industrias y de nuevos negocios como hace 20 años.

El Gobierno Nacional, a través de la Upme, debe hacer seguimiento al plan de inversiones y no limitarse cómodamente a la función de planeación. Tiene que garantizar la ejecución y la viabilidad técnica y económica de los proyectos necesarios y, para este caso, en el menor tiempo posible.

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