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Pierde velocidad nuestra economía

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Hay dos señales que preocupan a nuestras autoridades económicas y monetarias: La disminución del crecimiento del PIB y el aumento del déficit de la Balanza de Pagos por la caída de las exportaciones.

Los precios bajos de la bolsa indican que hay menores volúmenes de negociación. El índice bursátil de Colcap ha caído casi 14% este año.

El PIB creció 4.6% el año anterior, este año llegará a 3.1%. No hay dudas de la desaceleración. El crecimiento de la economía este primer trimestre: 2.8% está por debajo del 5.6% del mismo periodo en 2014 y del 5.9% en 2012. 

La construcción, un segmento líder de la economía colombiana, llegó a crecer al 12.7%, y este año solo alcanzará 5.9%, lo que confirma la tendencia.

La otra preocupación es el déficit de la cuenta corriente de la balanza de pagos: superó el 5% del PIB en 2014, y este 2015 llegará a 6%. Este déficit acarrea riesgos serios para nuestra economía.

Es claro que la economía está golpeada por el desplome del petróleo, pero no podemos continuar con déficit creciente de la Balanza de Pagos por exceso en las importaciones, muchas de estas innecesarias. Hay que ordenarlas y encausarlas como se hacía antes y con mucha disciplina limitarlas a la disponibilidad de divisas por las exportaciones. 

Hay que reducir gradualmente ese déficit externo y que nuestros empresarios accedan a los mercados internacionales con apoyo del gobierno para vencer las barreras existentes en cada país. Esta corrección no se hará de un momento a otro. Al exceso de importaciones suntuosas se suma el hecho de que la inversión extrajera causa también “exportaciones” de intereses y dividendos.

Todas estas circunstancias y compromisos dificultan los mecanismos disponibles para el Banco de la República para bajar las tasas y estimular el gasto privado y, además, mantener a raya la inflación.

No debemos ser un país exclusivamente minero y petrolero: El 66% de los US$55.000 millones de nuestras exportaciones fueron en petróleo, y la minería llegó a representar el 7.5% del PIB. Nuestra economía alcanzó en 2013 a tener el 20% de sus ingresos provenientes del petróleo.

El crecimiento de nuestro PIB y la inversión extranjera directa dependen cada vez más de la inversión que se hace en el petróleo que está en crisis por las dificultades de Venezuela y por las bajas importaciones de China.

La evolución de nuestro PIB ha tenido dos históricas caídas: En 1998 decreció -7% y la más reciente fue -2% en 2008. En el año 2014 crecimos por encima del 4.3% y ahora solamente 3.1%.

Se vaticinó que tendríamos Enfermedad Holandesa cuando tuvimos precios altos del petróleo y, en efecto, se disminuyó el precio del dólar y se debilitaron los ingresos de la industria y la agricultura. Ahora debe ocurrir el proceso contrario y aprovechar la caída del petróleo para agilizar y fortalecer nuestras exportaciones. 

La devaluación corrige la Enfermedad Holandesa. Durante la pasada bonanza petrolera, nuestra agricultura pasó del 8% del PIB en el año 2000, al 6% en 2014. La manufactura pasó del 13% del PIB al 11% en 2014, es decir, que se resintió el resto de la economía en esa etapa.

La economía mundial sigue debilitada después del año 2008 y se recupera lentamente. Colombia sigue dependiendo del precio del petróleo y cuando tuvimos boom petrolero nos llevó a una desindustrialización de la economía. Ahora debemos aprovechar estos momentos para tomar decisiones sabias. Este nuevo escenario de precios bajos del petróleo debe ordenar la industria, impulsar el comercio exterior y a la economía en general, aunque haya un crecimiento menor.

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