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Estado regional: escenario para paz y democracia

Un escenario para la paz y la democracia es necesario para que el conflicto armado no internacional que padecemos no retorne. Asimismo, es necesario no pasar por alto que esta guerra tiene un origen eminentemente político y, en consecuencia, hablar de política es identificar el modelo de Estado que sirvió de caldo de cultivo para prolongarlo.

¿Qué modelo de Estado alimentó y multiplicó el conflicto armado? Sin dudas, el Estado centralista, de un fuerte régimen presidencialista, con un parlamento nacional sin autonomía política, con nula representación de las regiones, excluyente con las minorías, burocratizado y sin presencia del Estado en las regiones.

En este sentido, es un avance que se termine el conflicto armado no internacional, sin embargo, su final amerita una reingeniería  institucional para crear un escenario para la paz y la democracia.

Necesitamos un nuevo modelo de Estado que promueva equidad entre las regiones para garantizar que la guerra no vuelva a resucitar. El mecanismo para lograrlo no puede ser otro que el de una Asamblea Nacional Constituyente que realice la reingeniería constitucional.

¿Cómo será ese Estado de autonomía regional? En primer lugar, nacerá de la voluntad libre y soberana de los departamentos que lo decidan. En segundo lugar, tendrán autonomía política para autogobernase en asuntos propios de las regiones, sin la dependencia de las autoridades nacionales a las que constitucionalmente les estará prohibido interferir en asuntos locales. En tercer lugar, el autogobierno implica la necesidad de que cada región tenga su propia legislación con fuerza de leyes exclusivas. En cuarto lugar, los poderes del parlamento nacional, que conservará su carácter bicameral, no podrán interferir en los asuntos regionales. En quinto lugar, el parlamento nacional, uno será de origen regional y otro de origen nacional. En sexto lugar, las regiones recuperarán, en todo o en parte, los recursos que tenían los viejos Estados soberanos existentes antes de la Carta Política de 1886 o se renegociarán, pero existirá real autonomía fiscal, tributaria y de administración de los bienes regionales. En séptimo lugar, la administración de justicia será simplificada y en las regiones existirán órganos judiciales de cierre para garantizar una justicia oportuna. En octavo lugar, el poder del presidencialismo necesariamente tiene que ser limitado en sus esferas, y será más jefe de Estado que el máximo superior de la administración pública.  En noveno lugar, se fortalecerá la administración pública al descentralizar el poder administrativo y eliminar en todo el país el modelo centralizado y presidencialista que está entronizado. En décimo lugar, un poder electoral descentralizado, un régimen de representación política y un sistema de partidos debe ser democrático en su más amplio sentido.

Estas son las líneas generales de un modelo de Estado regional. Un poder lejano es caldo de cultivo para lo secreto y la arbitrariedad, para que los controles en la democracia real no funcionen. El modelo de Estado actual centralizado facilita la corrupción. Un poder político descentralizado es el medio adecuado para que florezca la libertad y para que la democracia sea cada vez más participativa.

La propuesta de una Asamblea Nacional Constituyente y de un modelo de Estado regionalizado para blindar los acuerdos y contribuir para un escenario para la paz estimo que tiene la razonabilidad política para ser deliberada en esta significativa coyuntura política.