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Ciudades del futuro

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En buena hora se realizó en Medellín el VII Foro Urbano Mundial (FUM) auspiciado por Naciones Unidas. Al final se firmó la Declaración de Medellín que expresa: “reiteramos que la inclusión, la sostenibilidad, la convivencia y seguridad, la movilidad, el agua, el cambio climático, la cultura y la democracia local deben ser parte de la agenda global de las ciudades, y orientar la hoja de ruta para construir ciudades más humanas, incluyentes, sostenibles y en paz”.

Desde las primeras ciudades que se asentaron en Mesopotamia, el reto principal ha sido cómo tomar decisiones planeadas, oportunas y correctas que repercutirán en el paisaje, la infraestructura y la vocación urbana que estarán viviendo futuras generaciones para siempre. Después es poco lo que se puede revertir. Son decisiones definitivas.

El FUM tuvo un costo de US$8 millones auspiciado por diferentes entidades de Medellín y a fe que valió la pena. Se reunieron cerca de 22 mil personas que durante siete días deliberaron sobre cómo deben construirse “ciudades para la vida”. Todos son conscientes de que la gente quiere más oportunidades para vivir mejor, en ciudades que propicien calidad de vida con todos los servicios básicos para todas las personas.

La agenda del evento fue excelente y variada. Se trataron temas tan importantes como los instrumentos financieros que deben utilizarse para que a futuro haya recursos suficientes para atender los requerimientos del crecimiento de las ciudades, además, de promover el ahorro entre los ciudadanos y convencerlos de invertir para mejorar sus condiciones de vida. 

Otro tema fue la equidad urbana basada en el acceso y la calidad de los servicios públicos básicos como el agua, la recolección de basura y la disposición de residuos sanitarios que deben ser prestados de manera generosa y abundante.

Se abordó, también, la legislación urbana con respecto a las tierras, el urbanismo y el diseño regional urbano como punto fundamental para mejorar el hábitat de la gente. Se estudiaron casos de ciudades y países como Angola, Barcelona, Madagascar, Mozambique, Rio de Janeiro, Urabá, Etiopia. 

Se tuvo en cuenta como serán las futuras megaciudades con más de 30 millones de habitantes como: Tokio, México y Sao Paulo. Estas ciudades necesitan espacios públicos más generosos y calles más organizadas para albergar el mayor número de vehículos y unos servicios de agua, sanitarios, recolección de basuras y transporte masivos de acuerdo a las exigencias de ciudades sostenibles en lo económico, social y ambiental. 

Para mayor interacción entre los ciudadanos se hace prioritario el uso continuo de altas tecnología de información y comunicación para “ciudades inteligentes”.

En conclusión, mientras que en el año 1990, 43% de la gente vivía en ciudades, se proyecta que en 2050 lo haga 70% lo que exige que sean más vivibles (no es suficiente que solo sean más bellas). También, deben estar mejor conectadas y construidas con materiales excelentes sobre la base de la “planificación participativa” de los ciudadanos de “abajo hacia arriba”. 

Los dos grandes retos son la desigualdad y la pobreza, ya lo dijo el Nobel de Economía 2001, Joseph Stiglitz, asunto que debería ser prioridad en Colombia por ser uno los países más desiguales del mundo donde los ricos tienen ingresos 47 veces superiores a los de los más pobres. El promedio en Latinoamérica es 28 y en el Perú es 14 veces.

En las ciudades del siglo XXI habrá más gente que en toda la historia de la humanidad y en los próximos 35 años la población crecerá en 2,5 billones de personas. Todas estas cifras nos tienen que hacer pensar, seriamente, en las ciudades del futuro.

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