Analistas

Difícil apuesta: cien mil soluciones

Los pragmáticos no siempre toman determinaciones acertadas o satisfactorias, menos aún, cuando ese pragmatismo va acompañado de la mentalidad del jugador que gusta colgar de los zamarros de la suerte el éxito o el fracaso de sus apuestas. Siempre hay que partir de estas consideraciones para tratar de entender al Presidente Santos sin correr el riesgo de equivocarnos, como cuando creímos que sus devaneos políticos eran totalmente errados y que lo llevarían a un rotundo fracaso en su carrera.

Con esos antecedentes, no me atrevería a afirmar que la decisión de ofrecer casas gratis se deba a un impulso primario del Presidente por la caída en las encuestas, pero tampoco creo que obedezca a un juiciosos análisis de la realidad nacional ni al desarrollo de una política diseñada para combatir la pobreza o la desigualdad calificada por Santos como vergonzosa.

Son muchos los vacíos de la propuesta que es en mi concepto demasiado riesgosa y poco efectiva para lograr la anhelada derrota de la miseria. Me encantaría conocer el criterio de Samuel Azout, que es una persona seria y capaz, que ha asumido con responsabilidad el reto de sacar seis millones de colombianos de ese lamentable estado, mediante la aplicación de una política planificada de promoción social.

Para comenzar, no está claro de dónde saldrá el dinero para esta apuesta. El Ministro de Hacienda habla de seiscientos mil millones de pesos en este año, y de ahí en adelante, Dios proveerá. El costo financiero de esa operación, no aparece por parte alguna.

Se habla de viviendas de cuarenta millones de pesos, pero no está claro si solamente los municipios que dispongan de terrenos, tendrán acceso al programa, lo que lo haría francamente inequitativo, o si ese costo incluye el valor del terreno y su urbanización, lo que dejaría un remanente bastante exiguo, pues es difícil bajar de setecientos mil pesos el costo del metro cuadrado construido para obtener una calidad aceptable.

No va a ser fácil que empresarios serios acepten el reto de participar en un concurso, si no se les ofrecen garantías suficientes. Consecuencialmente, se corre el riesgo de dejar esa responsabilidad en manos inexpertas o sin la capacidad económica requerida.

Automáticamente se desestimula la iniciativa privada en la construcción de vivienda de interés social y prioritario, dejando toda la responsabilidad en el Estado con las correspondientes consecuencias negativas.

La expectativa que genera un programa de estas características es altamente inconveniente, por su discutible mensaje, no solo para los posibles beneficiarios cuyo número es indeterminado, pues si nos atenemos a las cifras, estaríamos hablando de cerca de ocho millones de colombianos que tendrían derecho a acceder a él, sino para los muchos más que, de buena o de mala fe, aplicarán aspirando ser  favorecidos. En el mejor de los escenarios, se hablaría de un poco más de un millón quinientas mil familias que podrían estar aplicando para este programa, lo que significaría que menos del diez por ciento serían beneficiadas. Difícil prever los efectos sociales  negativos de esta situación.

Finalmente, interesante saber cuáles son los ángeles que van a escoger los afortunados beneficiarios, mediante un proceso transparente, para que no suceda con las casas gratuitas lo que ha pasado en salud, educación, vías, AIS, estupefacientes, pensiones, notarias, etc., etc., etc. Temo que son cien mil problemas nuevos, muy preocupantes para cualquier jugador de póker.