Analistas

Y Estados Unidos hincó la rodilla

GUARDAR

Lo que no sucedió en 44 años de Guerra Fría finalmente se produjo el 16 de julio de 2018 en Helsinki, Finlandia. Estados Unidos, la potencia mundial más importante que haya existido en la humanidad, claudicó ante Rusia.
Y no sucedió en el campo de batalla.

Tampoco en una sofisticada guerra cibernética. Ocurrió en una rueda de prensa. En el palacio presidencial de Helsinki, donde se reunieron en un esperado encuentro Vladimir Putin y Donald Trump.

Millones de personas aguardaban el momento. ¿Increparía Trump a Putin por haber interferido en las elecciones estadounidenses del año antepasado, tal y como aseguraron todas las agencias de inteligencia de su país?

¿Le diría el supuesto líder del mundo occidental a Putin que pusiera fin a su red de corrupción cibernética en el mundo? ¿Se repetiría un momento tan épico como el que protagonizó Ronald Reagan en 1987 cuando le dijo a Mijail Gorbachov: “Señor Gorbachov, derribe ese muro”?

La respuesta es no. Lo visto en Helsinki fue más allá de una claudicación. Fue una humillación del presidente de los Estados Unidos a su país, a sus ciudadanos y a su historia. En 44 años, Truman, Eisenhower, Kennedy, Johnson, Nixon, Ford, Carter, Reagan y Bush nunca parpadearon ante los rusos. Trump no solo parpadeó, sino que se entregó.

“Trump, en estos momentos, ante nuestros ojos y los del mundo, está cometiendo un crimen increíble e imperdonable contra su país. La incapacidad de defendernos”, escribió el columnista Charles Blow en The New York Times.
Trump no defendió a los suyos, en este caso a sus organismos de inteligencia, que en múltiples informes corroboraron la participación de los rusos en los comicios presidenciales de 2016. Justo hizo todo lo contrario: “tengo al presidente Putin y me dijo que no es Rusia. Y les digo algo, el presidente fue extremadamente contundente en su negación”.

Y no solo eso. Presionado por los periodistas norteamericanos que se encontraban en la rueda de prensa, Trump evadió hasta cuatro veces las preguntas que estaban formulando los reporteros contra Putin, y optó por recurrir a respuestas incongruentes y erráticas.

Cuestión aparte fue el lenguaje corporal. Sus gestos y movimientos reflejaron a un líder sumiso y entregado. Ese líder acosador tan valiente ante los pequeños, mostró una vergonzosa cobardía ante el grande de la clase, un presidente acusado por la CIA y el FBI, las agencias de inteligencias más poderosas del planeta, de estar atacando la democracia estadounidense.

Las implicaciones de esta rueda de prensa serán monumentales. Y es que el encuentro de Helsinki no solo marca un cambio de roles en el orden mundial contemporáneo, sino que deja al mundo libre huérfano de quien ha sido su referente en los últimos 80 años. Trump entregó en Finlandia el liderazgo político del planeta.

Si bien es cierto que Estados Unidos lleva un año largo aislándose -inició una innecesaria y dañina guerra comercial; tildó de enemigos a sus socios de la Unión Europea, entre otras cosas-, muchos tenían cierta confianza en que Trump iba a mantener la tradicional política crítica de su país hacia las arbitrariedades rusas. Pero como lo pudimos ver en Helsinki, todo ha cambiado.

Tristemente, tras muchos años de relativa paz y prosperidad, se está cocinando un caldo de cultivo que augura una época negra en los próximos años.

LA REPÚBLICA +

Registrándose puede personalizar sus contenidos, administrar sus temas de interés, programar sus notificaciones y acceder a la portada en la versión digital.

GUARDAR
MÁS LR

Agregue a sus temas de interés

MÁS LR

Agregue a sus temas de interés