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En épocas recientes y por espacio de varios años el Gobierno estableció que los dividendos que se pagaban, provenientes de utilidades que ya habían tributado, estaban exentos de impuestos. Esta reglamentación incentivó el ahorro y en pocos años generó mayor inversión, mayor producción, mayor empleo y por lo tanto mayor consumo.
Gracias a esta positiva dinámica, Colombia recibió dinero de fondos de pensión e inversión extranjeros y los índices de las bolsas de valores del país se hicieron importantes para inversionistas de Estados Unidos, Europa y Asia. En consecuencia a Colombia se le reconoció grado de inversión por parte de las calificadoras internacionales.
Los ahorradores nacionales también colocaron sus dineros en papeles valor colombianos. Grandes y pequeños inversionistas del país dejaron de mirar el dólar como inversión preferida y conservaron su dinero en Colombia.
Sin embargo, estos capitales fruto del ahorro internacional y del ahorro nacional, recibieron malas noticias en el segundo Gobierno de Juan Manuel Santos, quien gastó y derrochó sin medida y comenzó a gravar con impuestos el dinero que recibían accionistas como dividendo, un dinero que ya había tributado en cabeza de las respectivas empresas.
Mucho se ha discutido si este proceder constituye o no una doble tributación, lo que estaría prohibido. La múltiple valoración o denominación de un objeto no implica la multiplicación del objeto valorado o denominado. El que yo tenga un caballo blanco y de paso fino, no quiere decir que tenga dos caballos. Tengo el mismo, cada vez más débil de tanto pagar impuestos.
Desestimular el ahorro es reducir la inversión y su efecto benéfico sobre la producción, el empleo y el consumo. Una situación que el actual Gobierno ha enfrentado con poca claridad, pues olvida que desestimular el ahorro es reducir la inversión, debilitar la producción, destruir el empleo y bajar el consumo.
El Estado debe garantizar un sistema económico estable que permita a los ciudadanos ahorrar y acceder a diversas fuentes de empleo y trabajo. Los recaudos públicos no son para subsidiar en todo y por cualquier motivo a quienes muchas veces desisten de trabajar y se acostumbran a recibir ayudas, bonos y subsidios para cubrir cada necesidad.
La prosperidad de una sociedad, por ejemplo en Venezuela, no se logra con regalos. Solo el trabajo produce dignidad y progreso, así como la educación y la formación producen buenos y estables resultados.
El acceso a la educación y a las fuentes de empleo deben inspirar la política del Gobierno y no abusar de su capacidad de dádiva que tantas veces termina en una corrupta filiación electorera, pues el que recibe regalos del Gobierno y vive de sus bonos y ayudas no será libre para elegir, y por necesidad o comodidad termina siendo parte de la clientela de un grupo ideológico.
El proyecto de reforma fiscal que propone el Gobierno apunta a reducción de pobreza, un objetivo loable, pero no reconoce que el mejor camino para ese logro es la fórmula mágica que garantiza la inversión, la producción, el empleo y el consumo. Con esta fórmula se aumentan las utilidades de las empresas, que a su vez permiten más inversión, se asegura el porvenir y se garantizan puestos de trabajo.
En el sector agroindustrial, el clúster de café muestra cómo los encadenamientos productivos permiten avanzar hacia mercados de mayor valor
En fin el Año Nuevo es esa fiesta global en la que todos juegan a creer que tenemos un botón mágico para asegurar que se van a cumplir los deseos
En términos de urgencia, la prioridad debe ser la asignación de nueva capacidad que no tiene un límite intrínseco diferente al costo de expansión del sistema, perfectamente gestionable con planeación y señales económicas claras