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Analistas 24/04/2021

La magia de ahorrar e invertir

David Trujillo González
Estudiante de Ingeniería Civil
La República Más

En épocas recientes y por espacio de varios años el Gobierno estableció que los dividendos que se pagaban, provenientes de utilidades que ya habían tributado, estaban exentos de impuestos. Esta reglamentación incentivó el ahorro y en pocos años generó mayor inversión, mayor producción, mayor empleo y por lo tanto mayor consumo.

Gracias a esta positiva dinámica, Colombia recibió dinero de fondos de pensión e inversión extranjeros y los índices de las bolsas de valores del país se hicieron importantes para inversionistas de Estados Unidos, Europa y Asia. En consecuencia a Colombia se le reconoció grado de inversión por parte de las calificadoras internacionales.

Los ahorradores nacionales también colocaron sus dineros en papeles valor colombianos. Grandes y pequeños inversionistas del país dejaron de mirar el dólar como inversión preferida y conservaron su dinero en Colombia.

Sin embargo, estos capitales fruto del ahorro internacional y del ahorro nacional, recibieron malas noticias en el segundo Gobierno de Juan Manuel Santos, quien gastó y derrochó sin medida y comenzó a gravar con impuestos el dinero que recibían accionistas como dividendo, un dinero que ya había tributado en cabeza de las respectivas empresas.

Mucho se ha discutido si este proceder constituye o no una doble tributación, lo que estaría prohibido. La múltiple valoración o denominación de un objeto no implica la multiplicación del objeto valorado o denominado. El que yo tenga un caballo blanco y de paso fino, no quiere decir que tenga dos caballos. Tengo el mismo, cada vez más débil de tanto pagar impuestos.

Desestimular el ahorro es reducir la inversión y su efecto benéfico sobre la producción, el empleo y el consumo. Una situación que el actual Gobierno ha enfrentado con poca claridad, pues olvida que desestimular el ahorro es reducir la inversión, debilitar la producción, destruir el empleo y bajar el consumo.

El Estado debe garantizar un sistema económico estable que permita a los ciudadanos ahorrar y acceder a diversas fuentes de empleo y trabajo. Los recaudos públicos no son para subsidiar en todo y por cualquier motivo a quienes muchas veces desisten de trabajar y se acostumbran a recibir ayudas, bonos y subsidios para cubrir cada necesidad.

La prosperidad de una sociedad, por ejemplo en Venezuela, no se logra con regalos. Solo el trabajo produce dignidad y progreso, así como la educación y la formación producen buenos y estables resultados.

El acceso a la educación y a las fuentes de empleo deben inspirar la política del Gobierno y no abusar de su capacidad de dádiva que tantas veces termina en una corrupta filiación electorera, pues el que recibe regalos del Gobierno y vive de sus bonos y ayudas no será libre para elegir, y por necesidad o comodidad termina siendo parte de la clientela de un grupo ideológico.

El proyecto de reforma fiscal que propone el Gobierno apunta a reducción de pobreza, un objetivo loable, pero no reconoce que el mejor camino para ese logro es la fórmula mágica que garantiza la inversión, la producción, el empleo y el consumo. Con esta fórmula se aumentan las utilidades de las empresas, que a su vez permiten más inversión, se asegura el porvenir y se garantizan puestos de trabajo.