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Analistas 11/09/2026

Pruebas Pisa y la economía del conocimiento

César Mauricio Rodríguez Zárate
Teniente coronel (RP) PhD. Research Associate Leiden University

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El informe de la Ocde 2025 sobre los resultados de las pruebas Pisa pareciera una de las fotografías retro en tendencia de los años 80 que calca y ha prorrogado problemas estructurales del sistema educativo colombiano, aún sin resolver. La primera conclusión, en concordancia con el editorial de La República, no es culpar a nuestros jóvenes, pues ellos son el output, el producto; de hecho, es solo a ellos a quienes evalúa esta prueba, no mide lo que sigue en deuda de mejora: infraestructura, formación y evaluación de los docentes, plan de carrera, acceso y adaptación al contexto, entre otros.

Las pruebas Pisa (Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes) evalúan competencias que jóvenes de 15 años demuestran en lectura, matemáticas y ciencias. Los resultados son reveladores porque no miden solamente cuánto conocimiento memoriza un estudiante, sino qué tanto y cómo puede resolver problemas simples o complejos, interpretar y analizar información, pensar críticamente y emplear esos conocimientos en situaciones de la vida real.

Eso significa que se evalúa, en buena medida, la capacidad del sistema educativo para preparar ciudadanos capaces de desenvolverse en un contexto cada vez más tecnológico, incierto y competitivo. Colombia continúa por debajo del promedio de la Ocde en matemáticas, lectura y ciencias. Apenas 29% de los estudiantes alcanza el nivel mínimo de competencia en matemáticas; en lectura lo hace 46% y en ciencias 50%.

Si bien Colombia ha ampliado el acceso a la educación secundaria incorporando jóvenes provenientes de poblaciones históricamente marginadas, este factor explica que los estudiantes pertenecientes al 25% más favorecido socioeconómicamente superan en 93 puntos en ciencias a los estudiantes del 25% más desfavorecido. Pero también se identifican oportunidades. 82% de los estudiantes manifestó curiosidad por muchas cosas diferentes y 76% afirmó que realiza un esfuerzo adicional cuando el trabajo se vuelve difícil. Se encuentra entonces una relación positiva entre curiosidad y perseverancia.

De esta forma, se debe plantear una reflexión sobre la forma de enseñar, cómo y para qué educamos. Por ejemplo, en matemáticas, Pisa ya había mostrado que Colombia tenía uno de los niveles más altos de ansiedad entre los países participantes. La matemática no puede seguir enseñándose como una colección de fórmulas y derivadas que deben memorizarse para aprobar un examen. La experiencia de aprendizaje debe cambiar. Un estudiante que le teme a las matemáticas difícilmente desarrollará amor por la ingeniería, las ciencias básicas, las finanzas y los negocios, la analítica de datos o la IA.

También lo percibo en la urgente necesidad de una formación humanista y de ciencias sociales que complemente la formación en tecnología y se oriente al crecimiento país. Hoy las empresas nos exigen no solo muy buenos técnicos, sino profesionales y ciudadanos éticos, que interpreten el cambiante contexto político y económico, que apropien las power skills, el pensamiento crítico, las habilidades comunicativas, el liderazgo y el trabajo en equipo.

En constructivos debates con colegas profesores de la Universidad EIA, coincidíamos en que la suma de estas habilidades puede convertir la educación en agente transformador para la economía del conocimiento. Pero esto solo se logra con excelencia, convirtiendo empresa, organizaciones y el Estado en el laboratorio de práctica por excelencia y formando a los estudiantes en un liderazgo que al interior de esta casa de estudios hemos llamado 3E: ético, empático y emprendedor; es decir, que genere prosperidad y productividad, respetando y ayudando a crecer a las personas, empleando la tecnología con sentido humano.

Así las cosas, los retos también se orientan a recuperar algo que el debate educativo ha ido perdiendo: la cultura de la exigencia para lograr la excelencia.

Una nación que educa mejor produce más, innova más, emprende más, es más equitativa, aumenta la movilidad social y tiene mejores posibilidades de prosperar.

Si queremos pasar a una economía de gestión del conocimiento 4G, la ventaja competitiva dependerá no solo de formar competencias para resolver problemas, sino de inspirar a los estudiantes y canalizar su permanente inquietud y creatividad en función de producir y servir, de transformar realidades, pues no nos educamos simplemente para subsistir, sino para que la realización personal que produce la educación contribuya a perfeccionar a la persona, a hacer sentido y propósito.

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