Con el progreso tecnológico y el avance de la inteligencia artificial, es posible crear entornos de aprendizaje más flexibles, personalizados y reflexivos
. La aceptación silenciosa de aquello que nos incomoda también nos convierte en parte del problema. La complacencia es el punto exacto donde dejamos de crecer y empezamos a repetirnos
Todo esto exige reglas. Gobernanza, no paranoia. Límites claros sobre qué se puede automatizar, qué datos no se comparten, cómo se validan outputs críticos y qué errores son aceptables en nombre del aprendizaje