No creo que haya más espacio para la destrucción de la credibilidad de este Gobierno, ya que el nivel de escándalos se sale de la imaginación de los mejores guionistas
Los mecanismos extraordinarios con que la Constitución de 1991 facultó al Presidente se concibieron para situaciones imprevisibles que el orden institucional ordinario no puede manejar, no para la administración cotidiana del país
Al presidente no le gusta que lo controviertan, no le gusta la verdad, no le gustan las explicaciones técnicas, no le gustan los contra pesos a su poder. Le gusta el poder, aunque lo niegue