Analistas

Ni tanto que queme al Santos ni…

No hay duda de que el tema de la paz tiene hondamente dividido al país. Desde el plebiscito la polarización del país gira alrededor de los aspectos que contienen los acuerdo de La Habana. Esa polarización resultará en dificultades en la implementación de muchos de los aspectos negociados y muestra de ello son los tropiezos que está sufriendo la Justicia Especial para la Paz en el Congreso.

Muy seguramente nadie está en contra de la reincorporación a la vida civil de las guerrillas de las Farc, y quienes hoy lanzan críticas vehementes al proceso hicieron también intentos por poner fin al conflicto con las Farc. Siendo esto así cabe preguntarse cuál será el futuro del acuerdo logrado de cara a las próximas elecciones, cómo se dará el debate y cómo continuará el proceso quien quiera que sea elegido nuevo mandatario en 2018. La respuesta a esta pregunta sería más fácil si paralelo a este gran debate no hubiese una gran debacle resultado de los casos de corrupción en la Justicia, en el Congreso y en el Ejecutivo. El saqueo de la nación parece ser el único propósito compartido de las tres ramas del poder. A la corrupción se suma en este proceso electoral la sombra de la financiación ilegal de las pasadas contiendas y el temor a una recesión económica que ya se empiezan a sentir.

No obstante este entorno enrarecido de corrupción, dineros ilegales y crisis económica no hay duda de que la polarización estará en torno al proceso de paz. Si como pienso el debate y la polarización seguirán siendo los textos del Acuerdo del Teatro Colón, la respuesta a la pregunta que se formula sobre el futuro tenemos que encontrarla en el camino que llevó al país a este acuerdo.

No hay duda de que sin el proceso de paz de la administración Pastrana el país, y en especial las fuerzas de seguridad, no hubiese conocido quiénes eran los protagonistas de insurrección, quién era el ‘Mono Jojoy’ o ‘Romaña’, cuáles eran sus rutas y costumbres y cómo estaban conformados. Igualmente creo que sin el Plan Colombia no hubiesen podido existir los triunfos militares de la Seguridad Democrática. Sin el debilitamiento de la estructura militar de la guerrilla resultado de la estrategia de las administraciones Uribe, la guerrilla no se hubiese sentado a negociar en la administración Santos. Lo contradictorio de la polarización que encabezan de un lado el Presidente Santos y de otro los expresidentes Uribe y Pastrana es que la realidad de hoy es el resultado de la construcción colectiva de las tres administraciones.

Si esto es así, ¿por qué el enfrentamiento? Los puntos giran alrededor de la impunidad, lo cual también resulta curioso en un país con una justicia descuadernada y grandes niveles de impunidad. Alrededor de la presencia de la dirigencia de las Farc en el Congreso y ahora alrededor la escogencia de los magistrados de la JEP. Estos puntos de enfrentamiento se van a dirimir en escenarios como el Congreso y como resultado del debate electoral y civilizadamente el país podrá encontrar un camino medio que haga los ajustes al proceso y no queden lunares como la excesiva condena del ministro Arias frente a la benevolencia con que se juzga a ‘Timochenko’. Los candidatos tienen la responsabilidad de no jugarse el todo por el todo. No superaremos esta situación si unos creen que hay que desbaratar todo y los otros creen que no hay que tocar nada. Y si no superamos esta encrucijada no vamos a poder enfrentar los otros problemas que son el verdadero reto del país.