Analistas

Lo público y lo privado

Saber dónde se traza la línea entre lo público y lo privado es esencial para construir una sociedad más transparente. Deben los funcionarios públicos tener intereses económicos que inevitablemente llevan, en el mejor de los casos a indelicadezas, y en el peor a una apropiación particular de lo que pertenece a la comunidad.

Son muchas las formas en las cuales esa borrosa línea genera beneficios particulares cuando se está sirviendo una función pública y solo para mencionar algunas aquí van tres.

El primer caso sucede con los monopolios estatales que se “privatizan”, concediendo monopolios a particulares que los explotan en beneficio propio. De esta forma “legal” de trasladar recursos de la sociedad a los privados está llena nuestra América Latina. No de otra manera se explica uno que una nación con algo menos de 50 millones de personas viviendo  en la pobreza, tenga como trofeo pírrico al hombre más rico del planeta como es el caso de México. La concesión del monopolio de las telecomunicaciones le abrió las puertas al señor Slim para acumular una gran fortuna que proviene de abuso del monopolio.

Otra línea borrosa y frecuente es la que resulta de  pensar que lo que es bueno para ciertos sectores económicos es bueno para una nación. O como lo planteó un presidente de los Estados Unidos, “lo que es bueno para la General Motors es bueno para los Estados Unidos”. En la teoría de la competitividad este es un punto sobre el cual llaman la atención muchos autores cuando alertan que una nación no podrá construir competitividad si las pérdidas de los privados son asumidas por los dineros públicos mientras que las utilidades se quedan en el privado. Cuando surge el clamor de que “hay que rescatar” a tal cual sector económico para el bienestar público, no se está haciendo otra cosa que desconocer el riesgo propio de los negocios privados y generando una inoportuna transferencia de lo público a los privado. Esta práctica es bien frecuente y los sectores beneficiados generalmente gozan de buenas conexiones en las esferas de la toma de decisiones. En Colombia hemos sido testigos de estos “rescates”.

Una tercera línea que está íntimamente ligada a la anterior es lo que en Colombia hemos llamado la “practica de la puerta giratoria”. De los negocios y los gremios a las funciones estatales y de las funciones estatales a los negocios y los gremios. Esa práctica, que tanto le gusta al presidente Trump, no ayuda a construir transparencia en una nación. Es frecuente ver en la dirección de los gremios económicos a políticos que ponen su habilidad y sus conexiones al servicio del gremio y dirigentes gremiales que hacen carrera “política” en los gremios para repentinamente quitarse el sombrero de servidores de unos intereses privados y ponerse el muy altruista del servidor público. Con frecuencia se camufla esta modalidad con los cacareados “impedimentos”, “recusaciones” e “inhabilidades”, pero lo cierto es que si esas existen no debería estar sirviendo el bien público.

Ahora que estamos “aterrados” de la corrupción, como si no supiéramos de siempre que esta ha estado rampante por años y que la mayoría de los escándalos que conocemos son resultado de investigaciones en Estados Unidos, Brasil o España para mencionar casos recientes, bien vale la pena reflexionar sobre la forma en la cual se separa lo público de lo privado. ¿Cuales serán las empresas privadas que van a financiar la próxima campaña presidencial y por qué? Supongo que será el espíritu altruista de buscar el mejor presidente para Colombia.