Analistas

Estabilidad o informalidad

De manera permanente en las diferentes encuestas empresariales salen a relucir preocupaciones como la tasa de cambio, los niveles de tributación, los cambios en la legislación tributaria, el peso de la tramitología entre otros temas. Todos estos tienen un común denominador y no es otro que la estabilidad.

No hay duda que a las empresas le queda más cómodo competir en el mercado internacional con una tasa de $3.000 por dólar que con una de $1.800, pero ha sido claro que la variación en la tasa no se ha traducido en mayores exportaciones. Es que más importante que una tasa favorable es una tasa estable. Cuando se planea un mercado, se invierte en infraestructura productiva y comercial y se realizan proyecciones financieras, la empresa debe tener certeza de cuales serán sus ingresos si se cumplen metas. Eso es muy difícil cuando la tasa fluctúa con una variación grande. Desde que se sucedió la devaluación el dólar ha oscilado entre $3.200 y $2.850 lo que significa 10% mas o menos y ese margen bien pueden ser la totalidad de las utilidades. 

Hay países que tienen tasas de tributación más altas que Colombia pero en ellos además de recibir más por parte del Estado, se tiene la certeza de unas reglas de juego a largo plazo. No así en Colombia. Según la revista Dinero, en los últimos 24 años han hecho tránsito por el congreso 13 reformas tributarias lo que arroja un promedio de una reforma cada 1,8 años. Nuevamente la pregunta que se formula un empresario es con qué nivel de tributación planeo mis inversiones a mediano y largo plazo. Esa incertidumbre afecta mucho más la decisión de inversión que una tasa alta de tributación porque en esos términos la inversión se convierte en un juego de suerte y azar al que no están dispuestos los inversionistas extranjeros y ello lo estamos viviendo en estos momento en los cuales se cayó la inversión extranjera directa. La que existía era aquella de los petroleros que en cierto modo es una apuesta pues no hay certeza sobre lo que se va a encontrar, lo cual no es el caso en otras industrias.

En el campo de la normatividad el mundo de los negocios camina por campo minado. Nunca se sabe cuál es la próxima regulación y cuánto costará la inventiva de un funcionario o un congresista. Ya sea las tarifas aéreas, el régimen laboral del sector aeronáutico o las normas sobre seguridad de los trabajadores. 

Para referirme a esta última, de la noche a la mañana las empresas se vieron sometidas a un galimatías de matrices y cursos que impone una sobrecarga administrativa a la empresa y a los trabajadores para atender un tema que de seguro las ARP y los empresarios han podido abordar sin el exceso de tramitomanía y de amenazas de multa.

Qué se puede decir ahora que estamos por decirlo de manera diplomática en el limbo total. Nos enfrentamos a la incertidumbre política resultado de la votación del plebiscito y la incertidumbre económica de la futura reforma tributaria. Mientras nadie sabe qué pasará en el tortuoso proceso de paz y qué costo tendrá para las empresas y en especial para la actividad agroindustrial, diferentes voces reclaman aplazamiento de la reforma tributaria. 

Qué va a pasar, nadie sabe y la incertidumbre crece. La maniobrabilidad del Gobierno es muy limitada dado que a su espacio político se le está agotando el oxígeno mientras la situación económica muestra indudables signos de deterioro. Falta ver si el oxígeno del Nobel alcanza para la paz y la reforma tributaria. Que inestabilidad la que nos espera en la tasa de cambio, en el régimen tributarios, en el ámbito político y la normatividad.

La prioridad del Gobierno Nacional frente al sector privado debe ser diseñar mecanismos para que en esta difícil coyuntura se pueda brindar algo de estabilidad a la inversión y a los negocios, de lo contrario la tarea aplazada de acabar la informalidad será aun mas difícil.