Tanto el Center for Economic Policy Research como el Graduate School de la Universidad de Barcelona están en la tarea de entender la economía de la pandemia y publican documentos que se trabajan a la velocidad de la investigación de las vacunas, sobre temas relacionados con el impacto de la epidemia en las cadenas de suministro, la desigualdad, factores demográficos, innovación y comercio; así como estrategias macroeconómicas y microeconómicas para la recuperación.

Desafortunadamente en las ciencias sociales no existe como en las ciencias exactas “la bala de plata” y por ello para estas últimas es factible producir una vacuna con alta eficacia y con evidencia de investigaciones en campo, mientras las vacunas contra las crisis económicas se construyen sobre supuestos, muchas veces no verificables. La efectividad de las “vacunas” económicas solo se podrá ver en el tiempo y para ese momento tal vez ya sea muy tarde.

Es que así como en la crisis del año 30 la innovación sobre las políticas económicas introducida por Keynes fue una vacuna efectiva, la crisis actual es bien diferente en su origen y su naturaleza y requiere su particular antídoto. Mientras en el 30 las bolsas colapsaron, en la presente crisis estas gozan de una relativa salud. Mientras en la crisis del 30 el sistema de mercado de capitales colapsó, los bancos en la pandemia han logrado mantenerse sólidos y ciertos sectores asociados a la economía digital y el comercio se han beneficiado ampliamente.

El análisis y las políticas que deben surgir de los centros de pensamientos deben abarcar tanto la micro como la macroeconomía. Deben responder a preguntas tales como cuáles habrán de ser los modelos de negocio que permitirán a miles de pequeñas y medianas empresas quebradas resurgir.

Hasta ahora la respuesta para que estos negocios se acerquen a sus clientes se ha fundamentado en los negocios en línea y los despachos a domicilios, pero ya vimos que esta fórmula no ha sido suficiente para la supervivencia de muchas empresas.

Tampoco lo han sido lo créditos puente que han extendido los gobiernos, ya que la pandemia se ha prolongado más de lo previsto y no hay flujos para el repago. Los subsidios han ayudado, pero distan de ser una solución. Se requieren modelos que tengan en cuenta temas como el distanciamiento social, particularmente en una región como la nuestra en la cual, según el WEF, 50% de los empleos requieren proximidad.

Si a nivel de la economía de la empresa se requiere innovación, esto es tanto mas cierto a nivel macro. ¿El gasto público será la única herramienta de que disponen los estados para la recuperación? De ser así, necesitamos nuevos parámetros de deuda pública y déficit fiscal, diferentes a los que se consideraban sanos.

¿Como se va a recuperar el comercio mundial y las cadenas de suministro fuertemente golpeadas por las disrupciones propias de la pandemia? Coinciden todos los análisis en que este proceso ha agravado la desigualdad y lo que suma a los retos de esta monumental tarea. Fórmulas que permitan generar empleo concentrándose, por ejemplo, en la protección de los adultos mayores que ya no forman parte de la fuerza laboral, y fomentado el empleo en cohortes menos vulnerables.

Lo cierto es que por ahora los Estados están dando palos de ciego y que la recuperación va a ser lenta en espera de la vacuna efectiva contra la crisis económica de la pandemia.