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Analistas 09/02/2021

América latina; no futuro

En América Latina tradicionalmente han florecido todo tipo de ilegalidades que permanecen en el tiempo como si no hubiesen sistemas de justicia o fuerzas policivas. A lo anterior, se suma una creciente inestabilidad política un descontento social y un aumento en el ya concentradísimo nivel de riqueza y de ingreso resultante de la crisis del covid-19. En ese panorama difícilmente los países de la región podrán levantar cabeza después de las dramáticas caídas de las economías, desde México hasta Argentina.

La minería ilegal es un fenómeno extendido por toda la región y un informe del Global Initiative señala que “la región se caracteriza actualmente por los altos porcentajes de oro extraído de manera ilegal; alrededor de 28% del oro extraído en Perú, de 30% en Bolivia, de 77% en Ecuador, de 80% en Colombia, y de entre 80% y 90% en Venezuela es producido ilegalmente. La minería ilegal de oro emplea a cientos de miles de trabajadores en toda Latinoamérica, muchos de los cuales son extremadamente vulnerables a la explotación laboral y a la trata de personas”. Las cifras de la producción ilegal de licores no son menos dramáticas. The Economist habla de miles de alambiques ilegales de Medellín, Bogotá y Villavicencio y según Euromonitor “el licor ilegal en Colombia representa unos 366.000 hectolitros, que en dólares equivale a ventas que superan US$1.500 millones, valor que entre 2012 y 2019 creció en 44%”. Según esta misma fuente, “los peores índices de ilegalidad en el mercado están en República Dominicana (38,8%), Ecuador (29,2%) y Brasil (28,4%). Otras formas de ilegalidad están en el tráfico de persona, el tráfico de narcóticos todos estos asociados a bandas criminales organizadas que han desbordado el poder coercitivo del estado.

La situación política es delicada. Este año habrá elecciones con resultados inciertos y apuestas, bien populistas o populistas y dictatoriales. En Ecuador el convicto Rafael Correa le apuesta a una de sus fichas en las presidenciales. Perú después de cuatro presidentes en el presente periodo se enfrenta a la incertidumbre, mientras las legislativas de El Salvador y México podrían fortalecer las apuestas autoritarias del primero y populistas del segundo, para no hablar de la presidenciales en Nicaragua con Ortega a la cabeza y la zozobra que genera el plebiscito constitucional en Chile.

La concentración del ingreso y de la riqueza de la región se han acentuado. Según un informe de Naciones Unidas “América Latina y el Caribe es una de las regiones más desiguales del mundo, y los efectos diferenciados del covid-19 podrían empeorar esta situación… El índice de Gini podría aumentar con la pandemia entre 1,1% y 7,8%” y con el ello el aumento del número de personas por debajo del índice de pobreza como bien lo señala el mismo informe; Se estima que la tasa de pobreza aumentará siete puntos porcentuales en 2020, hasta alcanzar 37,2%, mientras que la de extrema pobreza aumentará 4,5 puntos porcentuales, de 11,0% a 15,5%, lo que representa un incremento de 28 millones de personas.

No es un panorama alentador ni propicio para enfrentar las caídas del PIB que estamos presenciando. Colombia no se libra porque aquí conviven todas las formas de ilegalidad, hay incertidumbre política, alta concentración, un escenario político incierto y a ello se suma un escenario de violencia que no tiene igual en la región. El país está frente al más grande reto de su historia reciente. ¿Seremos capaces?