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Santa Marta y el Magdalena tienen todo para pensar en grande: puerto, aeropuerto, mar, Sierra, historia, cultura, vocación turística, capacidad empresarial, talento humano y una ubicación estratégica frente al Caribe y el mundo. Pero también enfrentan una realidad que no podemos ignorar: ningún territorio alcanza su verdadero potencial si trabaja dividido.
Durante años hemos tenido proyectos, diagnósticos y oportunidades, pero no siempre una agenda común. La ciudad por un lado, el departamento por otro, los sectores productivos en otra dirección y la dirigencia política, muchas veces, concentrada en debates distintos. Esa dispersión nos ha costado tiempo, inversión, competitividad y oportunidades.
Por eso, el llamado hoy es a pensar como territorio. A trabajar como un gran equipo por Santa Marta y el Magdalena, poniendo por encima de todo lo que verdaderamente importa: la gente, la competitividad, la calidad de vida y el futuro. La unidad no significa pensar igual; significa entender que existen causas superiores capaces de convocarnos a todos.
Y hay que decirlo: algo empezamos a mover. Ya hemos logrado acercamientos entre el alcalde Carlos Pinedo Cuello y la gobernadora María Margarita Guerra Zúñiga; los congresistas del Magdalena se han sentado en una misma mesa; y los gremios, empresarios, academia e instituciones venimos conversando sobre prioridades comunes. En un territorio acostumbrado a la fragmentación, esto no es menor. Es una señal que debe convertirse en un método de trabajo.
Esa visión también recoge un legado profundamente valioso. Nuestra gran amiga y expresidenta de la Cámara de Comercio de Santa Marta para el Magdalena, Silvia Elena Medina Romero, creyó siempre en el talento de esta tierra, en la unidad y en la necesidad de tender puentes entre sectores. Su ejemplo sigue vigente y nos recuerda que los territorios avanzan cuando confían en su gente, honran a quienes han construido camino y entienden que, juntas, las instituciones pueden lograr mucho más que separadas. Ese legado lo valoramos y lo seguimos fortaleciendo.
Hoy necesitamos proyectar esa visión hacia una nueva etapa. Requerimos planificación territorial, seguridad jurídica, atracción de inversión, preparación del talento humano y una agenda de largo plazo. No basta con tener ventajas naturales; hay que convertirlas en proyectos, empleo, infraestructura, oportunidades y calidad de vida.
Los proyectos estratégicos muestran por qué esa articulación es indispensable. La doble calzada entre Mamatoco y el Puerto es clave para la movilidad y la competitidad logística. La ampliación de la pista del Aeropuerto Simón Bolívar es necesaria para atraer nuevas rutas, fortalecer el turismo y conectar mejor a Santa Marta con Colombia y el mundo. La recuperación de la Institución Educativa Distrital Técnica Industrial debe convertirse en una apuesta por el talento joven, la historia, la cultura, el patrimonio, la formación técnica y la productividad. Así como estos, visualizamos diversos proyectos de ciudad.
Santa Marta también debe consolidarse como una ciudad de eventos, cultura, gastronomía, fiestas, festivales y experiencias durante todo el año. Eso significa más ocupación hotelera, más comercio, más emprendimientos, más economía formal y más identidad. El turismo no puede depender únicamente de temporadas; debe convertirse en una plataforma permanente de desarrollo.
Pero ese crecimiento debe ser sostenible y ordenado. No podemos hablar de futuro sin hablar de agua potable, alcantarillado, servicios públicos, costo de la energía, planificación urbana y protección ambiental. Estos retos no son asuntos secundarios: son condiciones básicas para atraer inversión, mejorar la competitividad y elevar la calidad de vida.
El potencial de Santa Marta y el Magdalena también está en las nuevas economías: transición energética, offshore, servicios empresariales, economía digital y BPO. Para aprovechar esas oportunidades se necesitan reglas claras, talento preparado, infraestructura adecuada, conectividad, seguridad jurídica y confianza institucional.
Debemos prepararnos, además, para hablarle con claridad al próximo Gobierno nacional. Santa Marta y el Magdalena no pueden llegar tarde ni divididos a las grandes conversaciones del país, sino con proyectos estructurados, respaldo institucional y una agenda común en infraestructura, agua potable, energía, turismo, educación, empleo, transición energética e inversión.
Ese es el modelo de unidad que necesitamos: una articulación práctica, con prioridades, gestión y seguimiento. Una ciudad y un departamento que entiendan que el desarrollo no se construye desde la competencia interna, sino desde la confianza, la planeación y el trabajo conjunto.
La pregunta no puede seguir siendo quién lidera cada iniciativa, sino qué necesita Santa Marta, qué necesita el Magdalena y cómo logramos que esas prioridades avancen. Porque cuando Santa Marta y el Magdalena trabajan como un gran equipo, el territorio deja de pedir oportunidades y empieza a construirlas.
Hoy la gente se mueve rápido, no quiere ser susceptible de estos avatares, antes la gente no se movía, aguantaba, hoy no, ante una crisis, se van, no vuelven, y los activos si sabe invertir, se van con ellos sin sufrir
Colombia tiene un inmenso potencial de fuentes hídricas que produce grandes cantidades de agua para cubrir la totalidad de la demanda de la población